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La mejor perspectiva para su salud

Golpes del destino, enfermedad terminal, la salud y la vida

Como individuo crítico habría cuestionado la veracidad de esta historia, pero se trataba de mi historia. Nuestra única vida es el aquí y el ahora.

Si un desconocido me hubiera contado esta historia, como persona escéptica que soy, habría esbozado una sonrisa de incredulidad. Sin embargo, la realidad es muy distinta, ya que esta es mi propia historia. En 1978 recibí un diagnóstico médico que era lo más parecido a una sentencia de muerte. Las perspectivas de futuro no eran esperanzadoras, ya que, tan solo me pronosticaron dos años y medio de vida.

La foto muestra a Ernst Erb en la playa de Las Teresitas cerca de Santa Cruz, Tenerife 1985.© CC-by-sa 2.0, verm. Margot Heigl, Foundation Diet Health Switzerland
Imagen de 1985

Para mí solo hay una vida: la que está aquí y ahora. Desde un punto de vista racional, no creo ciegamente en las afirmaciones... sino que: o bien las conozco, o las desconozco. Para un realista escéptico (racionalismo crítico) que no oculta los obstáculos ni tiene grandes esperanzas, una realidad de esta magnitud puede suponer una gran carga psicológica.

La presión temporal fue lo único que me aportó la fuerza necesaria para reconsiderar todos los contextos y puntos de partida, y a continuación perseguir mi objetivo con energía y constancia renovadas.

¿Pero cómo conseguí, de hecho, extender esa pequeña fracción y más importante etapa de mi vida? Creo que mi testimonio puede ayudar a otras personas que se encuentren en una situación similar a hacer frente al problema de forma activa y con la fuerza más poderosa que existe.

En un principio encontré información en libros científicos y fuentes especializadas que hablaban sobre la enfermedad y su tratamiento. En aquella época, Internet ni siquiera podía concebirse como idea y los ordenadores de mesa no comenzaron a comercializarse cuatro años después.

Había dos tipos de información: por un lado estaban las publicaciones científicas y los textos basados en trabajos respaldados por investigaciones importantes, y por otro la demagogia y la charlatanería. Los expertos llevaban a cabo estudios, mientras que los embusteros lo intentaban con historias clínicas de dudosa autenticidad. Se podía creer en ello o no, pero el hecho es que faltaban datos; yo no podía creermelo...

Sin embargo, ¿acaso merezco la credibilidad de otros si no aporto hechos concretos? Por supuesto que no.
Hoy se pueden encontrar estudios que muestran que mi camino fue correcto (doi: 10.3109/10428191003690364). Aquí, con el enlace PMID 20350273 o como entrada directa para Google, obtiene un texto más completo de NCBI (USA: National Center for Biotechnology Information).

Mi deseo es demostrar por qué reciben su nombre las llamadas enfermedades de la civilización e indicar cómo es posible sortear las enfermedades y al mismo tiempo mejorar el estado de salud en el camino de la vida.

No vendo nada. No prometo nada. ¿Qué opinión merece para usted el móvil que me llevó a escribir este artículo? ¿Cree que es objetivo y tiene fundamento?

Ganglios linfáticos de la cabeza y el cuello y estudios de finales de los años 1970

Nódulos linfáticos en cuello según Henry Gray, 1918: De "Anatomy of the Human Body".© Public Domain, Henry Gray (1918), Wikipedia
Ganglios linfáticos de la cabeza y el cuello
Estudio a fines de la década de 1970 sobre el linfoma de células de manto de expectativa de vida.© CC-by-sa 2.0, Kieler Lymphomgruppe
Estudios de finales de los años 1970.

Tuve que asegurarme y comprender lo que me podían ofrecer los médicos, ya que se trataba de mi vida.

Pronto tuve claro que no podía hacer recaer toda la responsabilidad sobre ellos, sino que debía asumirla yo mismo, junto con todas las consecuencias que podían acompañar a esta decisión.

Adquirí y mostré interés por la lectura de publicaciones especializadas, algo que me ayudó a ser consciente del estado en el que me encontraba. Está claro que un médico debe tener conocimientos básicos sobre varios cientos de enfermedades, sin embargo, no tiene tiempo para ahondar en las causas y tratamiento de las enfermedades raras. Mi médico de familia no conocía la posible salida, o no quería explicarme cuál era.

2013 Confirmation Pathological Institute Lucerna, las secciones histológicas muestran NHL. 1.2© CC-by-sa 2.0, Phatalogisches Institut Luzern, 2013
En 2013 quise comprobarlo de nuevo.

Cuando se trata de cáncer, siempre suele haber nuevas investigaciones que determinan la extensión y gravedad de la enfermedad.

Esto se denomina estadificación o estadiaje y permite al paciente ponerse en contacto con profesores y oncólogos especializados en el estudio y tratamiento del cáncer.

Existen unos doscientos tipos diferentes de cáncer, etapas muy distintas y niveles de agresividad.

La complejidad es enorme: incluso la edad y condición del paciente son de vital importancia.

2013 Confirmation Pathological Institute Lucerne, secciones histológicas muestran NHL.2/2.© CC-by-sa 2.0, Pathologisches Institut Luzern, 2013
Sí, todavía reconocible en 2013.

En casi todos los casos, los especialistas reciben instrucciones desde los centros encargados de investigar este tipo de enfermedades.

Además de basarse en los estudios de casos, estos centros intentan desarrollar métodos de tratamiento (terapias) mejores.

Los pacientes de cáncer —a menudo y de manera inconsciente— se convierten en pacientes para la expeimentación médica.

A pesar de que lo hacen lo mejor que pueden, el estudio solo lo conocen los miembros del equipo de investigación.

Los médicos son personas como usted y como yo, con distintas formas de ser, competencias cualidades.

1. ¿Cómo sucedió?

En febrero de 1978, la que era mi esposa y yo fuimos a esquiar durante nuestras vacaciones de invierno junto con otras dos parejas de amigos que eran médicos. Todos nos alojamos en la misma casa. Uno de nuestros amigos era profesor de medicina. Detecté que tenía una inflamación en la mandíbula inferior, aunque no deduje cuál había sido la causa de la hinchazón. No quería molestar a mis amigos, ya que estábamos de vacaciones, de modo que esperé y acudí más tarde a la consulta de uno de ellos, que era mi médico de familia.

Insistió en recetarme un antibiótico porque estaba convencido de que la causa de la inflamación era una infección bacteriana. Entiendo su decisión, ya que estos síntomas rara vez se deben a algo diferente. Nunca antes había pensado en el cáncer cuando tenía algún tipo de dolencia, ya que siempre había sido una persona sana en términos generales. Curiosamente, algo me decía que aquel tumor era diferente... Antes de la siguiente cita acordada tres semanas más tarde, es decir, después de una semana sin tomar antibióticos y con falta de sueño, insistí en someterme a una punción aspiración con aguja fina (enlace en inglés) y a una evaluación histopatológica (patología, histología). Me realizaron las pruebas gracias a mi incesante insistencia.

El departamento de otorrinolaringología del hospital consideró que la punción sería un error, pero yo no opinaba lo mismo. El resultado fue sorprendente; mostró un linfoma maligno. Mi amigo y médico de familia Hansruedi, en un intento de calmarme, afirmó que en este tipo de punciones los tejidos pueden sufrir y que todavía no había motivos para dar la voz de alarma. Aquel gesto no fue del todo profesional.

Gracias a mi perseverancia e insistencia conseguí cita 14 días después para que me extirpasen los ganglios linfáticos (nódulos linfáticos).

Estudio histológico, linfoma de células de manto, también llamado linfoma no Hodgkin de células B

Necesitaba un resultado claro, y por ello quería que realizaran un estudio histológico en varios institutos patológicos. Hubo pequeñas diferencias en la designación de la enfermedad, ya que uno de los institutos lo denominó según la terminología de la OMS en 1976, otro según la norma Kieler y el tercero según la clasificación de Rappaport (EE. UU.). Hoy en día se ha acordado denominarlo linfoma de células de manto a nivel mundial, también llamado linfoma no Hodgkin de células B.

Universidad de Zurich: linfoma centrocítico, nomenclatura de Kiel. hoy se llama Mantle Cell Lymphoma© CC-by-sa 2.0, Pathologie Uni Zürich

Hoy sabemos que en el linfoma de células de manto las células B 0 linfocitos B, un tipo de leucocitos (glóbulos blancos de la sangre), sufren una translocación recíproca entre los cromosomas 11 y 14, mediante la cual se exprime con fuerza la ciclina D1.

Forma parte de nuestro sistema inmunológico, junto con los linfocitos T (linfocitos T CD4+) y los produce la médula ósea en lugar de los ganglios linfáticos. Pero si esta transformación maligna aparece, los ganglios linfáticos la recogen y finalmente pueden inflamarse cuando resultan demasiados.

Extirpar los ganglios linfáticos, en principio no solucionaría el problema. Véase también el estudio en alemán: Inzidenz sekundärer chromosonaler Aberrationen beim Mantelzell Lymphom (MCL) mit Translokation t(11; 14) (q13; q32). [La incidencia de las aberraciones secundarias de los cromosomas en el linfoma de células de manto con translocación]. En el siguiente enlace encontrarán el texto completo en PDF en alemán.

Hoy sabemos que En todos los casos analizados de linfomas de células de manto (n=103) se detectó una translocación t(11;14)(q13; q32) mediante un análisis FISH (hibridación fluorescente in situ). Cita del PDF que hemos mencionado en el cuadro superior, disertación de Marie-Sandrine Sander 2005, (Facultad de Medicina) Universidad de Ulm. En el 92 % de los pacientes, además, tiene lugar una anomalía cromosómica secundaria (alteración o mutación cromosómica posterior).

Investigaciones posteriores revelaron el estadio IIIA, incluso sin síntomas como los sudores nocturnos. En aquella época todavía no se podían hacer pruebas genéticas.

Hoy sabemos que la mutación genética del gen supresor tumoral p53 en cromosoma 17p13 sucede a menudo, lo que puede suponer un problema que a su vez derive en la pérdida del efecto inhibidor sobre el complejo ciclina D1/CDK4 (quinasa dependiente de ciclina 4) mediante el gen p21. Esta mutación puede ser precursora del cáncer.

Por aquel entonces el tiempo medio de supervivencia a partir del diagnóstico del linfoma de células de manto era de dos años y medio. En 2015, y sobre todo gracias a los pocos trasplantes de médula ósea que consiguen realizarse con éxito, el tiempo medio de supervivencia oscila entre los tres y cuatro años.

Entre el año 2013 y el 2014 un amigo se sometió a este método, aunque por desgracia el intento no tuvo un final feliz. Consiguieron que tuviera grandes esperanzas, aunque desde el punto de vista estadístico, la probabilidad de curación en su caso también era mínima. Además, él era un hombre de edad avanzada, por lo que el riesgo era mayor.

Su gran esperanza en el transplante de médula ósea impidió que cambiase su alimentación de forma radical, lo que podía haber actuado como tratamiento coadyuvante (terapia suplementaria o de apoyo). Además, los médicos que le trataron afirmaron que la enfermedad no tenía relación alguna con la alimentación. Estuvo varios meses sin ningún tipo de síntoma, sin embargo, poco después comenzaron a multiplicarse de nuevo las células malignas. Emprendieron un segundo intento, en el que mi amigo falleció tras el primer ciclo.

Mi médico decidió extirparme el bazo (esplenectomía)

Pero volvamos a mi caso: mi médico decidió extirparme el bazo (esplenectomía), pero cancelé la cita, ya que yo —a diferencia de mi médico— ya era consciente de cuál era mi pronóstico.

Hoy en día practicar una esplenectomía en un enfermo con linfoma de células de manto estaría considerado un error o negligencia médica, ya que la operación podría empeorar el pronóstico.

Wikipedia: A pesar de que el bazo no es un órgano vital, su eliminación podría tener consecuencias de peso a largo plazo. Sin embargo en aquella época, el bazo no estaba considerado como un órgano vital, por lo que determinaron que no lo necesitaba.

Además, el doctor quería administrarme quimioterapia a toda costa. Cuando me negué, me dijo: Señor Erb (dejó de tutearme), ahora usted tendrá que hacer lo que le estoy pidiendo. A lo que yo le respondí: Hansruedi, solo me queda una misión que cumplir en este mundo, que quizá suceda en tu presencia: morir. Eso es lo único que tengo que hacer. Olvidé añadir que cada persona asume la responsabilidad de su "propio acto". Si hubiera tenido una enfermedad de Hodgkin común u otro linfoma no Hodgkin con un pronóstico mejor, me habría sometido al tratamiento sugerido. Debo poner énfasis en este dato y advertir en caso de que alguna persona desee imitar mis decisiones.

Después de escuchar la claridad de mi respuesta, mi amigo y médico de familia deseó que buscase a otro profesional de la medicina para continuar. Gracias a la que era mi esposa pudo enterarse de mi cambio radical a una alimentación crudivegana, sin embargo, nunca más me dirigió la palabra —incluso tras el paso de los años y a pesar de saber que me había curado—. Falleció no hace mucho.

Está claro que todas aquellas medidas que me propusieron me habrían hecho perder mucho tiempo... mi bazo y finalmente mi vida. En realidad ningún médico afirmó que mi enfermedad era incurable. Sin embargo, tal como mostraban mis investigaciones, la muerte me estaba pisando los talones.

Esta era mi situación con tan solo 41 años, 5 hijos y una familia disfuncional. Además, mis empresas y la construcción de un nuevo edificio de oficinas para ellas me necesitaban vivo y sano.

Resultados histológicos de los ganglios linfáticos extirpados

Dos de los tres resultados histológicos de los ganglios linfáticos extirpados. Los tres estaban claros.

Abril de 1978: Patología Uni Berna: tejido neoplásico maligno: linfoma linfocítico, nodular.© CC-by-sa 2.0, Pathologie Uni Bern, 1978

Abril de 1978: patología Lucerna, histología: linfoma nodular maligno,.ligera pyroninophilia.© CC-by-sa 2.0, Pathologie Luzern, 1978

Al principio me centré en la lectura de publicaciones específicas sobre casos similares al mío, hasta que pronto me pregunté: ¿Por qué tantas personas sufren enfermedades de la civilización incluso en edades tempranas? ¿Qué estamos haciendo mal?.

Abril 1978 Sonografía: masa sólida a nivel del páncreas e inserción de la vena renal.© CC-by-sa 2.0, Kantonsspital Luzern
Abril 1978 Sonografía y Lympho-Cavo-Urography - Hoja dos.© CC-by-sa 2.0, Kantonsspital Luzern
Mi carta a hematología Uni Essen sobre la conclusión del estudio prospectivo CL 1/2.© CC-by-sa 2.0, Ernst Erb
Mi carta a la hematología Uni Essen sobre la conclusión del estudio prospectivo CL 2/2.© CC-by-sa 2.0, Ernst Erb

Puede ampliar todas las imágenes haciendo clic sobre ellas y a continuación visualizarlas como presentación.

Un animal salvaje pronto se convertiría en víctima de sus depredadores si se permitiese padecer enfermedades. Es cierto que también existen casos de cáncer en la naturaleza, cuyas causas se conocen: un hábitat o ambiente equivocado y estrés.

Pronto lo tuve claro: somos la única especie que cocina los alimentos. Más tarde me enteré de la existencia de la reacción de Maillard, cuyo producto son moléculas cancerígenas que aparecen tras el calentamiento de la comida.

Tampoco era consciente de la gran cantidad de hormonas de crecimiento que están presentes en la leche y los productos lácteos y de que el 70 % de su estructura es equivalente en los seres humanos. Les recomiendo esta reseña del libro "Milch besser nicht!" (¡Leche mejor no!).

Multizentrische Therapiestudie "Festlegung der optimalen Behandlungsstrategie für das fortgeschrittene centrocytische Lymphom"

Prof. G.Brittinger, Universidad de Essen, Estudio terapéutico multicéntrico, Protocolo estudio 1/5.© CC-by-sa 2.0, Prof. G. Brittinger, University Essen

Prof. G. Brittinger, Universidad de Essen, Estudio terapéutico multicéntrico, Protocolo estudio 2/5.© CC-by-sa 2.0, Prof. G. Brittinger, University Essen

Prof. G. Brittinger, Universidad de Essen, Estudio terapéutico multicéntrico, Protocolo estudio 3/5.© CC-by-sa 2.0, Prof. G. Brittinger, University Essen

Prof. G. Brittinger, Universidad de Essen, Estudio terapéutico multicéntrico, Protocolo estudio 4/5.© CC-by-sa 2.0, Prof. G. Brittinger, University Essen

Prof. G. Brittinger, Universidad de Essen, Estudio terapéutico multicéntrico, Protocolo estudio 5/5.© CC-by-sa 2.0, Prof. G. Brittinger, University Essen

El hombre puede sobrevivir a base de proteínas vegetales únicamente y no necesita las de origen animal. También recomiendo la lectura del libro China Study, (Estudio de China), o nuestra reseña.

"Si tengo que morir", pensé, "al menos quiero intentar alimentarme por mi cuenta y seguir una alimentación crudivegana". Opté por una alimentación vegana porque pensé que las proteínas de origen animal propician el desarrollo del cáncer.

¿Acaso se puede ganar la batalla contra el cáncer de este modo? Es posible que lo consideren ingenuo y lo entiendo. Como ayuda para mi puesta en marcha ingresé durante algunas semanas en la Clínica Bircher-Benner en Zurich para pasar un tiempo en retiro.

Una dieta extrictamente crudívora

Para mi sorpresa, hacía tiempo que no seguían una dieta extrictamente crudívora, sino una alimentación especial para enfermos de cáncer: dieta vegetariana cocinada, pero no vegana. Lo rechacé de inmediato y pregunté si podía hablar con el cocinero. Tuve suerte, porque me contestaron lo siguiente: Sí, por supuesto.

Tal como escribo en la reseña del libro "China Study", (Estudio de China) de T. Colin Campbell en un recuadro casi al final del artículo, fue una grata sorpresa para mí que el cocinero aceptase de buen grado mi deseo de alimentarme a base de alimentos crudos, a pesar de que esto suponía más trabajo para él:

Él me invitó a su casa y me presentó a su familia y a su hijo de unos 3 años. Descubrí que cinco años atrás, la pareja había tomado un cambio radical y consecuente en sus vidas para iniciar una dieta crudivegana, debido a que la esposa sufría un melanoma maligno que había generado numerosas metástasis en su organismo. Durante mi visita calculé que no tendría más de 25 años. En este estadio de la enfermedad, los pacientes suelen fallecer en pocos meses. Sin embargo, ella consiguió sanarse gracias al cambio radical a una dieta en la que se alimentaba en exclusiva de alimentos vegetales y crudos.

Más tarde, me encontré con un austriaco de 35 años que también consiguió curarse. Al menos en los análisis de sangre no encontraron restos de células malignas. Sin embargo, apenas recuperado, volvió a retomar sus antiguos hábitos alimenticios y falleció un año más tarde de acuerdo con mis expectativas. Volvió a padecer el mismo tipo de cáncer.

La esposa del cocinero siguió estando sana durante toda su vida, tal como pude comprobar años después.

Sabía de algunos casos más, en los que el destino fue favorable para el paciente. Es lamentable que la medicina convencional no preste atención a ninguno de estos casos de recuperación tan extraordinarios.

Incluso hoy en día no se buscan los motivos y se denomina sencillamente remisión espontánea. Existen miles de curaciones espontáneas sin explicación alguna.

En mi opinión, al menos se debería realizar un seguimiento longitudinal (retrospectivo) detallado además del que ofrecen los tratamientos convencionales, con el fin de diferenciar las posibles causas y obtener muestras. Para la medicina convencional, la falta de estadísticas seguirá siendo un hecho con el que escudarse. Es así de simple.

En aquella época, la medicina convencional consideraba que la alimentación crudivegana era difícil de seguir, a pesar de que los muchos seguidores acérrimos del jainismo lo practican desde hace unos 2'500 años... Por eso dejé de ahondar en este tema y centré mi lectura en otros tres libros que trataban una temática diferente. No quería seguir perdiendo el tiempo y parecer ridículo...

En ocasiones me sentía como el lobo estepario

Junio de 1978: Mi carta al Prof. Georg Martz sobre el resultado estadístico, etc. 1/3.© CC-by-sa 2.0, Ernst Erb

Junio de 1978: Mi carta al Prof. Georg Martz sobre el resultado de la etapa, etc. 2/3.© CC-by-sa 2.0, Ernst Erb

Junio de 1978: Mi carta al Prof. Georg Martz sobre la organización de los resultados, etc. 3/3.© CC-by-sa 2.0, Ernst Erb

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