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Reseña del libro «Leche, dinero y locura» de N. Baumslag

La doctora Baumslag explica la importancia de la lactancia y los problemas derivados de la alimentación con biberón que toda futura madre debería conocer.

© Catalina Sparleanu para diet-health

Conclusión

La obra se basa en estudios científicos para documentar la importancia que tiene la lactancia materna para los recién nacidos. El tiempo de lactancia recomendado es mucho mayor del que suelen dedicarle las madres a esta época de la vida. El período óptimo debería llegar a un año, aunque se pueden añadir alimentos complementarios pasados algunos meses.

El libro no trata el tema de los cambios que experimentan las embarazadas después del parto (puerperio), sino que reescribe la importancia del calostro y de la leche de la madre, que se adapta al hijo.

Además, los alimentos complementarios no deben incluir leche de ningún otro animal y no está recomendado que las madres lactantes tomen leche o productos lácteos. El libro también desvela otros muchos aspectos clave y de gran utilidad sobre la lactancia. La profesora Baumslag subraya lo siguiente: "La leche de vaca solo sirve para alimentar a los terneros".

Para obtener información completa acerca de los problemas de salud que causan la leche y los productos lácteos, tanto en niños como en adultos, recomiendo leer el libro Milch besser nicht! (¡Leche mejor no!) de Maria Rollinger o al menos esta reseña del mismo.

© Catalina Sparleanu para diet-health

1. Resumen

Las autoras centran su investigación en 190 obras que van presentando en cada capítulo. La doctora Naomi Baumslag es pediatra y compagina su tarea como docente universitaria con su misión en organizaciones internacionales como la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, UNICEF o la OMS. Durante años ha sido presidenta de la organización WPHN, la red internacional de apoyo a las mujeres con mayor éxito a nivel mundial. Además cuenta con la experiencia práctica que ha acumulado en diferentes países.

El libro observa la lactancia materna y la alimentación a base de biberón de los recién nacidos prácticamente desde todos los puntos de vista incluido el aspecto más práctico.

Muestra los motivos de los distintos comportamientos con respecto al pecho de la mujer, la lactancia materna y la nutrición infantil en conjunto. Otro tema que trata es el comportamiento sexual durante el embarazo y la lactancia en distintas áreas culturales, distintos pueblos y en diferentes épocas (filosofía del espacio y el tiempo, flecha del tiempo).

El comportamiento social por lo general no suele coincidir con las necesidades naturales. En función del espíritu de la época y la religión hay comportamientos totalmente diferentes. Los comportamientos que no son naturales se asocian a menudo con una innecesaria elevada tasa de mortalidad infantil. Las páginas del libro le descubrirán las equivocaciones que se cometen en los cuidados del bebé y las graves consecuencias derivadas de ello. Asimismo destaca la importancia de que la lactancia se adapte a un horario flexible.

A continuación argumentan la importancia de prolongar la lactancia y las razones por las que este hábito, así como el colecho o cama familiar genera un vínculo afectivo con el bebé. Se crea una sincronización de las intensidades del sueño (estado de conciencia, sueño, fases del sueño) de madre e hijo. El bebé no tiene ningún motivo para llorar y la madre y el bebé duermen profundamente y no molestarán al resto de la familia.

Tampoco se olvida de describir los mejores trucos para estimular la producción de leche. Estas y otras prácticas todavía son difíciles de comprender en occidente.

Figuras como la de las amas de crianza o nodrizas, así como otros aspectos, nos invitan a profundizar en la historia y a conocer comportamientos distintos a los que conocemos en la actualidad. El libro relata cuidados de lactancia que todavía se practican hoy en día y que no creeríamos posibles.

Tanto esta reseña como el propio libro muestran el gran éxito que ha tenido la leche de fórmula a pesar de que —por su calidad— nunca puede sustituir por completo la leche materna. Hay razones muy lógicas y motivos con fundamento científico.

A todo esto hay que añadirle la historia de los boicots contra los fabricantes de alimentos para bebés, con alusión especial a las tasas de enfermedad y mortalidad que provienen de esos alimentos.

Por último también destacan la importancia de que las empresas concedan permisos de maternidad remunerados, algo que en EE. UU. no sucedió hasta mediados de los años 90.

Sobre las escritoras

La doctora Naomi Baumslag es pediatra y docente en la Facultad de Medicina de la Georgetown University en Washington DC, y presidenta (a fecha 2015) de la Women’s International Public Health Network (WIPHN) en Bethesda, Maryland, EE. UU. Trabajó como asesora en la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, UNICEF, la OMS, el Ministerio de Recursos Humanos de Georgia, la fundación PAHO (antigua PAHEF), en organismos gubernamentales de varios países en vías de desarrollo, así como en el consejo de salud de La Liga de la Leche Internacional (LLL) y la World Alliance for Breastfeeding Action (WABA).

La doctora Baumslag ha escrito más de 100 artículos y es autora de ocho libros. Además, participa en conferencias a nivel internacional. Su sitio web es: baumslag com.

Dia L. Michels es una publicista científica que colabora con publicaciones periódicas y revistas de todo el mundo. Su compromiso con la lactancia materna se basa tanto en sus investigaciones, como en su experiencia en el cuidado de sus hijos enfermos durante seis años. Este es el segundo libro que escribió con la doctora Baumslag.

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La profesora y doctora en medicina Naomi Baumslag es, según aparece en Open Library autora de los siguientes libros:

  • Murderous medicine (Medicina asesina), del año 2005,
  • Primary Health Care Pioneer (Una pionera de la atención primaria), de 1986;
  • A woman's guide to yeast infections (Guía para mujeres sobre las infecciones fúngicas), de 1992
  • Family care (Cuidado familiar), del año 1973.

2. Reseña del libro

En líneas generales se considera que la lactancia materna es un acto natural controlado por las hormonas. Sin embargo, las autoras del libro aclaran que, en realidad, en el caso de los humanos y de otros primates, se trata de una costumbre aprendida. Para nosotros son importantes los distintos puntos de vista. Además, dependiendo del clima intelectual y cultural, así como de la sociedad, el pecho femenino ha terminado convirtiéndose en un símbolo sexual.

Capítulo 1: La lactancia materna, creencias y práctica

El capítulo 1 consta de las siguientes secciones y epígrafes:

Sección 1:
Costumbres relacionadas con la la lactancia materna en todo el mundo; los pechos como símbolo sexual; tabúes sexuales; nutrición durante el embarazo y después del parto; los antojos durante el embarazo; los temores sobre el embarazo y el parto; asistencia al parto; asistencia materna; la galactogoga (sustancia que estimula la producción de leche); el calostro o primera leche; el parto pretérmino (nacimiento prematuro) y los bebés neonatos bajos de peso (neonatología); ¿Es la leche materna lo suficientemente completa?; formas de lactancia materna; formas de llevar al bebé; duración de la lactancia materna;

Sección 2:
La figura de la nodriza o ama de cría, el alimento de sustitución y las propiedades curativas de la leche materna; selección de las nodrizas; esclavas como lactantes complementarias y su papel como nodrizas; ¿es necesario dar a luz a un niño para poder producir leche?; sustitutos de la leche; sacaleches; bancos de leche materna; lactancia entre especies; lactancia de niños mayores; propiedades curativas de la leche materna.

2.1. La lactancia materna, opiniones y práctica

Las autoras destacan que el nacimiento y la maternidad están estrechamente relacionados con la religión y las costumbres. Este es el caso de los judíos que respetan las leyes y enseñanzas del Talmud y la Torá, según los cuales se debe amamantar a los hijos durante al menos dos años (p. 5). Las familias más acomodadas, sin embargo, suelen hacer lo contrario.

© Catalina Sparleanu para diet-health
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Está comprobado que los bebés que son alimentados con leche materna tienen mayor esperanza de vida, sin embargo, la lactancia y la duración de la misma sigue siendo una moda pasajera. En ocasiones la lactancia ha llegado a considerarse una actividad repugnante, poco femenina o incluso insalubre.

Por lo general, a las personas no les cuesta imitar los hábitos que adoptan las clases sociales con mayor prosperidad o riqueza.

Un ejemplo de ello sucedía en China, donde las mujeres pertenecientes a las clases más altas no podían amamantar, dado que sus vestidos debían ir ceñidos completamente al cuerpo, inclusive en la zona del pecho.

El pecho de la mujer se convirtió en objeto sexual

En algunos estados de EE. UU. no estaba permitido que las mujeres diesen el pecho a sus bebés y estas eran amonestadas por la policía —sin opción a protestar— incluso aunque lo hiciesen en un coche privado estacionado.

El pecho de la mujer se convirtió en objeto sexual y la Administración de Alimentos y Medicamentos estadounidense (FDA) recibió la siguiente información de la Sociedad Americana de Cirujanos Plásticos (ASPS, por sus siglas en inglés):

There is a substantial and enlarging body of medical information and opinion to the effect that these deformities (small breasts) are really a disease (that left uncorrected, results in a) total lack of well being.

Cada vez son más los informes médicos y opiniones que señalan que estas deformidades (pechos pequeños) son en realidad una enfermedad que, de no ser tratada adecuadamente, podría desencadenar una indisposición en la afectada (p. 7)

En otras palabras, ¡venían a decir que los pechos pequeños son una enfermedad que hay que erradicar!

Solo en el año 1990 lograron que, únicamente en los Estados Unidos, ciento treinta mil mujeres se sometiesen a una operación de cirugía estética para aumentar el tamaño de sus senos. A pesar de las consecuencias negativas para la salud y casos de muertes, la FDA no llegó a intervenir en el asunto.

Las escritoras abordan el tema de los tabúes de las relaciones sexuales durante la lactancia con motivos de peso, ya que aquellos bebés que nacen en un período demasiado corto de tiempo tras el primer parto muestran, en las culturas más primitivas, un desarrollo más lento e incluso tasas de mortalidad mucho mayores.

Lo mismo ocurre a los bebés que no han sido amamantados con leche materna o durante un breve período. En el libro encontramos algunas cifras que respaldan estos argumentos. También aparecen ejemplos concretos de diferentes culturas.

El tema de los tabúes de las relaciones sexuales

Especialmente en Africa, las madres lactantes de algunas tribus no pueden tener relaciones sexuales con sus maridos. Por ejemplo, según la tradición zulú, si cae una gota de leche materna sobre la piel de un hombre, este se quedará impotente (p. 8).

Por este motivo, los hombres instan a sus mujeres —desde hace cientos de años— a interrumpir la lactancia cuanto antes y a sustituir la leche materna por la leche de fórmula, una costumbre que agradecen nuestras multinacionales lecheras occidentales.

A ello hay que añadir que los estrógenos de las píldoras anticonceptivas no dejan que fluya tanta cantidad de leche. Durante el nacimiento, alumbramiento o parto en el hospital ningún tabú sexual puede ser válido. Se trata de un período muy corto hasta que llega el siguiente bebé —con todos los inconvenientes que trae consigo—.

La hormona oxitocina se produce durante el proceso del parto y durante la lactancia y ayuda a la madre lactante a estar tranquila y ser cariñosa, sin embargo, disminuye la lubricación de la vagina de manera que las relaciones sexuales pueden llegar a ser desagradables. La naturaleza ha previsto que un bebé se puede desarrollar mejor sin que exista un nacimiento posterior inmediato, aunque los seres humanos insistimos en cambiar el proceso natural (p. 10).

Las prescripciones relativas a la nutrición para mujeres embarazadas y lactantes es completamente diferente dependiendo de la zona y el clima intelectual y cultural. En ciertas regiones de Túnez las mujeres no comen huevos, sin embargo, en otros países la costumbre es todo lo contrario y las mujeres lactantes comen entre seis y ocho huevos diarios.

Las autoras explican desde comportamientos del todo absurdos o perjudiciales, hasta posturas saludables.

Alcohol, leche de vaca y leche de coco

Hace no demasiado que se conocen las consecuencias perjudiciales que tiene para el feto el hecho de que una embarazada o —en menor medida— una mujer lactante consuma alcohol. En Sierra Leona, por ejemplo, está prohibido que las mujeres embarazadas consuman alcohol.

En Sri Lanka está prohibido que las madres lactantes tomen leche de vaca y algunas de ellas lo extienden también a la leche de coco. Ambos alimentos pueden causar reacciones alérgicas (p. 13).

En el siguiente texto, las escritoras se centran en los antojos de las mujeres embarazadas. Algunos son poco razonables, mientras que otros están más que justificados.

El filósofo Platón describió hace 400 años a.C. los costes que representa la mujer embarazada para la tierra. Podemos imaginar que cuando hablaba de la "tierra", Platón se refería al suministro de la vitamina B12 y de ciertos minerales.

Comer arcilla

Incluso comer arcilla era una costumbre conocida que todavía practican algunas mujeres en África y en los Estados Unidos. La arcilla contiene una gran cantidad de hierro y elementos químicos (micronutrientes) como el sodio (Na), el manganeso (Mn), el arsénico (As), la plata (Ag), el molibdeno (Mo) o el uranio (U), y presenta propiedades antibacterianas debido a su elevado pH. Estudios actuales demuestran que las arcillas ricas en hierro que se encuentran en algunos yacimientos tienen un efecto antibacteriano.

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El sodio es un nutriente esencial para todos los organismos vivos.

El manganeso es un elemento esencial para todas las criaturas y una parte integral de varias enzimas.

El arsénico se considera un oligoelemento presente en los seres humanos, sin embargo, la importancia biológica del arsénico para los humanos todavía no está del todo clara. Para muchos animales el arsénico es un elemento esencial para la vida.

La plata está disponible como colorante alimentario E 174 incluso en el ámbito alimentario, por ejemplo para revestimientos para chocolates de confitería y para los licores.

El molibdeno es otro oligoelemento esencial para casi todos los organismos vivos, ya que es parte integrante del centro activo de un gran número de enzimas como la nitrogenasa , la nitrato reductasa o la sulfito oxidasa.

En el cuento infantil Rapunzel de los Hermanos Grimm, la madre embarazada se encuentra pálida y debilitada. Por ese motivo, el futuro padre roba hojas de campanillas (rapónchigo o ruiponce, rapunzel en alemán) (en inglés Rapunculus Campanula) del jardín vecino.

Los antojos especiales durante el embarazo hoy en día se consideran síntomas de deficiencia de ciertos nutrientes.

Hoy en día sabemos que las campanillas o rapónchigos, así como otras verduras de hoja verde son ricos en ácido fólico, también conocido como vitamina B9 o folato.

Campanillas

Floración de Rapunzel, Campanula rapunculus.© CC-by-sa 3.0, Fornax, Wikipedia
Imágen de Wikipedia, Fornax (CC BY-SA 3.0).

Wikipedia: campanillas, campanillas de todo el año, campanita, campanitas, nabillo redondo silvestre, nabiza, nabo montesino, rapillo abotonado, rapillo piramidal, rapincho, rapinchos, raponce, raponces, rapónchico, rapónchigo, raponcio, rapóndigo, rapóntico, rapuncio, respionzo, respionzos, ruiponce, ruipóntico, ruipóntigo, vara de San José del campo.

La raíz es carnosa, y se puede preparar como el apio o la remolacha, hortalizas de potente sabor, cortando su raíz en rodajas o haciendo una ensalada con sus hojas.

En la Edad Media se cultivaban en los jardines de las casas y en Alsacia y Suiza se siguió cultivando esta especie entre 1906 y 1929. Del mismo modo que ocurría con la hierba de canónigo o Valerianella locusta, en invierno se recolectaban sus flores.

En el libro las autoras emplean la palabra Rampunion en alemán, que es el equivalente de rapónchigo.

Las autoras abordan con brevedad los métodos del médico alemán Prochownik, quien sometía a períodos de hambruna a aquellas mujeres con caderas demasiado estrechas o deformadas. Su objetivo se centraba en reducir el peso de los bebés recién nacidos para lograr un parto más fácil. Este tipo de medidas tuvo consecuencias fatales para los niños. Las deformidades de la pelvis a menudo tienen su origen en enfermedades como el ratiquismo o más bien osteomalacia, es decir, deficiencia de vitamina D, debido a una falta de exposición a la luz solar, falta de calcio o potasio (p. 14, 15).

Otro tema importante que trata el libro es el servicio de las comadronas y el apoyo posterior a las madres jóvenes por parte de la familia, costumbres que contrastan con las de la sociedad industrial actual.

Cada vez se reconoce más la importancia que tiene para los bebés el calostro o leche de los primeros días. Durante años se creía que esa leche con un color algo más amarillento y de mayor densidad era perjudicial para el bebé y por este motivo en algunas épocas y culturas se ha privado a los bebés del calostro. Esta medida provocaba muchas muertes prematuras y una mayor propensión de esos bebés a padecer enfermedades.

Graves errores que cometen algunas culturas

Un ejemplo de ello es la medicina ayurveda originaria de la India, que en el S. II antes de Cristo permitía que se derramase el calostro. La tradición ayurveda recomendaba en su lugar, alimentar al bebé los primeros cuatro días con miel y mantequilla clarificada: As far back as the second century BC, Indian Ayurvedic medicine recommended honey and clarified butter for the newborn's first four days, during which the birth mother's colostrum was expressed and discarded (p. 24).

Esta costumbre llegó hasta los tiempos bíblicos. El libro describe graves errores similares al descrito que cometen algunas culturas de Guatemala, Afganistán, Sierra Leona o Lesotho. Pero eso no es todo: los médicos de la antigua Grecia y Roma y más tarde en países como Francia o Inglaterra recomendaban desechar el calostro sin adoptar ningún tipo de postura crítica o reflexiva.

El doctor Ettmueller fue un médico británico que se enfrentó con la comunidad médica del momento en 1699 porque recomendaba que los recién nacidos comenzasen la lactancia con el calostro. A pesar de sus esfuerzos, tuvieron que pasar cincuenta años más hasta que en 1748 el doctor William Cadogan (enlace en inglés) hiciera una afirmación con mayor impacto:

La primera leche de la madre es purificadora y ayuda al bebé a eliminar el excremento acumulado durante largo tiempo; ningún niño puede ser privado de esta leche sin que esto le provoque un daño (p. 24).

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Wikipedia afirma que William Cadogan (1711-1797) fue el primer médico que se pronunció de forma radical en contra de las fajas para bebés (enlace en inglés) en su ensayo de 1748: An Essay upon Nursing and the Management of Children, from their Birth to Three Years of Age [Ensayo sobre la lactancia y el cuidado de los niños desde su nacimiento hasta los tres años de edad].

Antes de dicha publicación, lo habitual era envolver a los bebés en apretadas fajas.

Anteriormente la mortalidad infantil prematura era muy elevada. Más tarde, Fildes demostró en 1980 que esta medida por sí sola ayudó a reducir la mortalidad infantil en un 16 %.

A pesar de las evidencias, algunas madres —con el apoyo de la industria— sobre todo en EE. UU. siguen llevando a cabo algunas prácticas como alimentar a sus bebés con agua azucarada durante sus primeros días de vida. La industria les proporciona biberones especiales para ello y el cuidado en la planta de lactancia de los hospitales es mucho más sencillo, aunque sea a costa de la salud de los recién nacidos, que se acostumbran al biberón en lugar de acostumbrarse al pecho de su madre...

En casos excepcionales puede pasar tiempo hasta que que fluye la leche materna. Incluso en las zonas donde el clima es más cálido, los recién nacidos no tienen más necesidades nutricionales que la leche de su propia madre, aunque la leche no fluya en abundancia desde el primer momento. A continuación se trata el tema de los bebés prematuros y los niños bajos de peso (p. 25).

Las autoras critican, sobre todo, que los pediatras solamente se centran en el aumento de peso y si no están satisfechos con el crecimiento del bebé recomiendan una leche de fórmula adicional en lugar de comprobar el estado en el que se encuentra la madre, sus hábitos alimenticios y proceder a corregir los malos hábitos. El médico Sorano de Éfeso ya lo aconsejó hace 1800 años.

La moda procedente de Nueva Zelanda

Lamentablemente, a principios del S. XX el doctor Truby King introdujo la moda procedente de Nueva Zelanda, de amamantar a los bebés una vez cada cuatro horas en lugar de prolongar cada toma.

Por si esto fuera poco, se analizó el contenido de grasa y se decidió alimentar a los bebés con alimentación adicional a base de biberón en lugar de optar por el asesoramiento nutricional de la madre y recabar información sobre su entorno. El programa también se desarrolló en Inglaterra (p. 28 + 125).

Las autoras tratan los distintos cambios y diferencias existentes en lo referente a la lactancia materna y la alimentación de los lactantes y echan de menos la tradición de que los bebés duerman con sus progenitores. La molestia de la lactancia nocturna se hace más liviana, ya que el bebé puede acceder a la leche de forma instantánea en el momento en que la necesite.

Algunos estudios sugieren que madre e hijo tienen una misteriosa relación debido al efecto de la prolactina (PRL), que les hace reconocer, como en un sueño, cuándo es necesaria una toma de leche. Los ciclos del sueño de la madre y el hijo se sincronizan de modo que las fases profundas y más importantes del sueño (fases del sueño, hipnograma, polisomnografía) en ambos se mantienen estables. (p. 31).

Un mecanismo interno y el marcapasos circadiano central

Un mecanismo interno asegura un ritmo estable de 24 horas, como el ciclo de sueño-vigila, así como muchos otros procesos endocrinos como la producción de cortisol y melatonina. Las funciones del sistema nervioso central marcan un ritmo que se controla de forma endógena con fases muy diferenciadas que se denominan relojes circadianos (ritmo circadiano). Véase también el apartado interrupción de ritmos circadianos y la neurobiología del apego entre la madre y el bebé. Véase el artículo sobre el colecho.

Personalmente creo que los métodos para enseñar a dormirse a los bebés es una postura errónea y antinatural, incluso aunque todavía no existan estudios que lo corroboren...

El marcapasos circadiano central se ubica en el núcleo supraquiasmático (NSQ) del hipotálamo medial. Las neuronas del NSQ exprimen los genes reloj rítmicos. Incluso en los órganos periféricos tales como el hígado, el páncreas, los riñones, las glándulas suprarrenales, el corazón y los pulmones se encuentran ritmos circadianos moleculares. El hipotálamo controla estos relojes periféricos.

Hoy en día sabemos que una persona que come durante la fase inactiva de la noche, desacopla el marcapasos circadiano central en el núcleo supraquiasmático (NSQ) del resto de los relojes.

La interrupción crónica de los ritmos circadianos puede incrementar la incidencia de trastornos cardiovasculares, obesidad, diabetes tipo 2 y cáncer. El "gen reloj" se investigó por primera vez en la mosca de la fruta.

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Sobre la simbiosis entre la madre y el hijo. Artículo de Wikipedia: La psicóloga Margaret Mahler define el inicio de la fase simbiótica en el segundo mes de vida aproximadamente, dentro de la fase oral. El bebé es física y emocionalmente dependiente de la madre.

"El bebé todavía no puede diferenciar los conceptos 'dentro' y 'fuera', distinguir entre él y los objetos, entre él y su madre. Todavía siente que su madre es parte de su persona y considera que es inseparable, una unidad simbiótica con ella".

"La madre debe tratar de comprender las necesidades del bebé con el fin de poder satisfacerlas, ya que el niño no es consciente de ellas. Si la madre está disponible para su hijo durante la etapa simbiótica, el niño desarrollará un sentimiento de seguridad fundamental y confianza básica. Esta relación entre la madre y el bebé es la base de la capacidad del niño para establecer relaciones sociales en el futuro".

Véase también la Teoría psicosocial del psicoanalista Erik H. Erikson (1902 - 1994).

Las autoras afirman que por suerte y tras siglos de utilización, la sociedad ha dejado de emplear definitivamente las fajas para bebés y describen los motivos por los que se introdujeron en algunas sociedades. Este tipo de fajas pueden provocar problemas en el desarrollo muscular y la capacidad de coordinación. En algunos casos también pueden ser causa de problemas pulmonares, en las arterias o las venas.

Los bebés deben recibir necesariamente leche materna y deben poder moverse con libertad

La conocida antropóloga Ruth Fulton Benedict (1887-1948) afirmó que las mujeres incluso competían para ver quién empaquetaba mejor a su bebé. Enumera algunos ejemplos en Rusia y Rumanía.

En el año 1740, el doctor William Cadogan del Hospital Foundling de Londres advirtió que los bebés deben recibir necesariamente leche materna y deben poder moverse con libertad.

Un estudio realizado en Turquía demostró que la faja de bebés provocaba más neumonías.

A pesar de ello, hoy en día esta práctica se sigue llevando a cabo en regiones del este de Europa, Asia, Oriente Medio, Mongolia, Afganistán y en países como Turquía y Grecia.

La pregunta "¿Cuánto tiempo se debe dar el pecho a un bebé" se repite una y otra vez. La cirujana estadounidense Antonia Novello nos dio la siguiente respuesta en el año 1990:

La Academia Estadounidense de Pediatría afirma que los bebés deberían ser amamantados hasta que cumpliesen su primer año... El bebé que continúe hasta los dos años será un afortunado (p. 35).

Estos casos confirman que la lactancia es diferente en cada sociedad. Según las escritoras del libro, justifican que se debe amamantar a los lactantes hasta los seis meses para poder ir añadiendo alimentos adicionales progresivamente. Una madre sana con leche suficiente puede dar el pecho durante más tiempo, sin embargo, tras los nueve meses, alimentar al bebé solamente a base de leche materna es una práctica cuestionable.

La lactancia

Las costumbres pueden ser tan diversas hasta el punto de que, las mujeres de la región de East Lincolnshire daban el pecho a sus hijos hasta la edad de siete y ocho años. En las Islas Salomón las mujeres amamantan a sus hijos hasta los 15 años.

La lactancia como alimento suplementario sigue siendo el mejor método, a pesar de que en 1991 en Siracusa, Nueva York (EE. UU.), una madre fue juzgada por querer amamantar a su bebé durante más de dos años, la declararon culpable y le retiraron la custodia de su bebé temporalmente.

Cuando una mujer tiene hijos mellizos, el islamismo aconseja alimentar al varón con leche materna y a la hija con leche de fórmula, algo que conduce a una desigualdad alarmante, como muestra UNICEF en el Hospital Infantil de Islamabad en Pakistan.

La mujer siguió el consejo del doctor, lo que provocó la muerte por desnutrición (marasmo) de su hija. En la página 37 las autoras muestran la imagen que cedió a UNICEF la madre para que fuese publicada como ejemplo disuasorio (p. 37).

2.2. De las nodrizas hasta las cualidades curativas de la leche materna

La figura de la nodriza o ama de crianza nació de la necesidad de salvar de la muerte a aquellos niños cuya madre había fallecido o no podía dar leche. Más adelante, para las familias más acomodadas esto se convirtió en la norma. La costumbre se remonta a la época de los faraones de Egipto.

Hoy en día, en occidente se sabe muy poco acerca de la lactancia de los hijos por parte de una "madre de alquiler" y la mera idea desencadena sentimientos enfrentados. Tendemos a pensar así debido a que tenemos alimentos suplementarios que intentan y consiguen evitar la mortalidad infantil cuando se da la ausencia de la leche materna.

Ama de crianza - nodrizas en diferentes épocas y culturas

La mayoría de los pueblos egipcios, babilonios y hebreos amamantaban a sus hijos durante tres años, sin embargo, en Grecia y Roma las familias más ricas preferían utilizar a sus esclavas.

Las autoras profundizan al detalle en el tema de las nodrizas en diferentes épocas y culturas.

Entre otros relatos, destaca la historia de la ama de cría Judith Waterford, quien en 1831 a la edad de 81 afirmaba orgullosa que su cuerpo todavía podía dar leche de similar calidad a la de las mujeres más jóvenes. A la edad de 75 años se lamentaba porque tan solo podía alimentar a un bebé en lugar de dos.

La mayoría de las personas piensan que solo puede producir leche una mujer que ha dado a luz, sin embargo, es posible inducir la lactancia en un período de entre dos y tres meses siguiendo diariamente las pautas adecuadas y empleando un sacaleches.

Ver también el artículo sobre lactancia inducida o relactancia y lactancia erótica. En ocasiones la leche no aparece desde el principio, sin embargo, en cuanto el bebé comienza a tomarla, esta empieza a fluir (p. 52).

© Catalina Sparleanu para diet-health

Las escritoras muestran ejemplos de apoyo a la lactancia entre madres con el título Surrogate feeding (Lactancia de sustitución). Este procedimiento consiste en que una mujer se encarga de amamantar al hijo de otra cuando esta está ausente por motivos de trabajo, y al contrario. Por otro lado está el concepto wet nursing, que consiste en actuar como ama de cría tradicional: wet nurse (artículo en inglés). En ocasiones también pueden ser de gran ayuda las abuelas. En los países occidentales a día de hoy no se puede concebir esta idea, pero sí que encontramos en la Biblia pasajes donde la figura de Noemí amamanta al bebé de su nuera Ruth.

Wet nursing (ama de cría) y los bancos de leche

En algunas zonas de África este método todavía sigue estando extendido. Incluso Margaret Mead tuvo dificultades para comprenderlo, como muestra el libro con una cita de la antropóloga.

Algunos artículos publicados en periódicos como el Charleston Medical Journal and Review se pueden leer noticias como la del año 1874, que relata el caso de una mujer de 60 años que a modo de prueba amamantó a un bebé durante tres semanas y comprobó con asombro que después de este período de tiempo, siguió dando leche, incluso en cantidades mayores que la propia madre del bebé.

Las autoras también describen cuál es el procedimiento correcto para estimular la producción de leche que incluye la descripción de las características de los distintos sacaleches. Para finalizar el libro aclara cuáles son los bancos de leche que se encargan de conservar la leche materna en los hospitales. Este tipo de leche se puede refrigerar pero no se puede calentar. En algunos países como Suecia y Dinamarca, la leche materna controlada durante los tres o cuatro primeros meses de lactancia puede venderse a un precio razonable.

En los países del este de Europa, esta tradición sigue incluso más viva. Por ejemplo, en la antigua RDA (República Democrática Alemana) en el año 1989 se obtuvieron 200'000 litros de leche materna. Sin embargo, en Canadá existen tres bancos a día de hoy y en EE. UU. hasta hace muy poco solo había ocho. Es importante destacar que esta leche se pasteuriza para anular el riesgo de que las mujeres donantes puedan transmitir el virus VIH y la hepatitis.

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Según la siguiente lista, a día de hoy en EE. UU. existen tres bancos de leche y 3 en Canadá. Véase hmbana.org/locations.

Sin embargo, otro estudio en Finlandia ha comprobado que las tasas de infección de bebés son mayores que con la leche materna no pasteurizada. Los bebés en Canadá sufrieron peor suerte, ya que en este país se cerró el banco de leche en lugar de introducir la pasteurización (p. 57).

A continuación las autoras profundizan en la toma directa de leche de otras especies y tratan la declaración del historiador griego Herodoto de Halicarnaso (Herodoto) en el siglo V antes de Cristo, sobre los masagetas del Cáucaso, también denominados bárbaros o galaktopotes (literalmente bebedores de leche), quienes tomaban leche directamente de los animales: They sow no crops but live on livestock and fish, which they get in abundance from the river Araxes; moreover, they are drinkers of milk! (No siembran cultivos, sino que viven de la ganadería y la pesca que obtienen en abundancia del río Araxes y además ¡toman leche!). (p. 57).

Más adelante el hombre ha utilizado a los animales —sobre todo a las cabras— para alimentar a los bebés directamente. Estos animales consideran al bebé como suyo e incluso lo buscan para amamantarlo.

Escaneo de grabado: Asnos amamantando niños en una institución francesa 1895.© Public Domain, S.H. Sadler, Wikipedia
Imagen escaneada de un grabado del año 1895 publicada en Wikipedia. Retrata la alimentación infantil por medios artificiales: un tratado científico y práctico de la dieta infantil de S.H. Sadler, 3. Edición de 1909. Dominio público.

Los bebés que se criaban en horfanatos o instituciones de acogida tenían mayor esperanza de vida.

En 1775 Alphonse Le Roy institucionalizó la práctica de tomar la leche directamente de la ubre de las cabras en su hospital de niños huérfanos. Los niños rara vez tomaban la leche directamente de la ubre de las burras. Sin embargo, pronto se dio cuenta de que la esperanza de vida de los bebés que eran alimentados de este modo era mucho menor y que este procedimiento a menudo les conducía a la muerte. La información se ha extraído de la obra de G. J. Witkowski, Histoire des Accouchements chez Tous les Peoples, Paris: Steinheil 1887, [Historia del parto en las diferentes culturas].

Más información acerca de la lactancia humana mediante animales

Sin embargo, hoy en día todavía existen beduinos, que en esos casos amamantan a sus bebés directamente de la cabra o la oveja.

Enfermera en Cuba en 1903 con un niño chupando leche en la teta de cabra.© Public Domain, Curt Teich, Scan of a postcard
Imagen escaneada de una postal del año 1903 que refleja una fotografía del artista Curt Teich, Wikipedia, dominio público.

Más información acerca de la lactancia humana mediante animales (enlace en inglés). Este tipo de alimentación de humanos por animales y viceversa existe desde hace miles de años.

Las mujeres también han amamantado a animales directamente con su pecho. Los motivos son diversos, como salvar de la muerte a un animal, aliviar los senos llenos de leche, evitar la gestación, estimular el flujo de leche o conseguir buenos pezones. Las escritoras ilustran la teoría con ejemplos de distintos países en los que las mujeres amamantan a perros y a lechones.

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