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Reseña del libro "MILK The Deadly Poison" de Robert Cohen

Numerosas enfermedades tienen su origen en el consumo de leche y productos lácteos según se demuestra en estudios científicos pormenorizados de todo el mundo.

© CC0, Stiftung Gesundheit und Ernahrung, Stiftung Gesundheit und Ernahrung

Conclusión

Obtuvimos de una empresa mundial, la demanda de 4864 nombres diferentes para no usar. Existen principalmente medicamentos recetados, etc. Incluyendo "I" para el ingrediente activo en el cuerpo que inhibe la diabetes. Ahora usamos "accesos directos" y hemos eliminado algunos pasajes y numerosos enlaces útiles. La contribución original solo puede ser vista por los miembros (la membresía es posible en la parte superior izquierda de nuestras páginas, EA 30/05/19).

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La leche y los derivados lácteos son productos técnicamente tan bien establecidos en el mercado que a cualquier lector les resultará difícil aceptar con la suficiente seriedad los postulados de este libro. Sólo las personas que hayan adquirido conocimientos realistas de un modo independiente, y a salvo de las influencias de la industria de la alimentación, pueden comprender verdaderamente el mensaje. Si pensamos, por ejemplo, en la cuestión de la osteoporosis, nos damos cuenta de lo falaz que puede llegar a ser la manipulación de la industria alimentaria.

Les aconsejo, por otro lado, que lean al menos, en relación con el concepto clave “agua mineral”, el artículo en PDF de un profesor de medicina muy apreciado y de ideología independiente. El enlace a este PDF lo encontrará a continuación en uno de los recuadros de color amarillo.

Junto a una composición de sustancias que son inapropiadas para las personas, nos enfrentamos también al problema de las hormonas de crecimiento. Un ternero debe engordar entre uno y un kilo y medio diario…

Al igual que sucede en el seno de la industria láctea, en el libro también podemos observar que determinadas afirmaciones proceden de fuentes de investigación que no son imparciales. Por esta razón, me he animado a escribir un artículo sobre la leche y los productos lácteos, que pretende ser lo más objetivo posible, porque no hay nada que sólo presente ventajas o desventajas. Sin embargo, sí encontrará a continuación suficientes resultados de estudios muy relevantes que demuestran perfectamente por qué deberíamos prescindir de la leche y de los derivados lácteos. La excepción son los lactantes amamantados con leche materna. Durante la lactancia, la madre debe evitar además y en la medida de lo posible ¡el consumo de productos lácteos!

Plantéese por favor la siguiente cuestión: ¿por qué en los países con un consumo nulo o muy reducido de leche no existe prácticamente la osteoporosis y se dan muchas menos enfermedades cardiovasculares?

En cualquier caso, es un hecho que las proteínas de origen animal producen una pérdida de calcio a través de la orina, debido, por un lado, a su tendencia a disminuir el índice de pH en el cuerpo y, por otro, a la presencia de sodio y de aminoácidos con contenido de azufre en la leche.

En cambio, las proteínas de origen vegetal ayudan al almacenamiento del calcio en los huesos. Esto se produce también por la presencia de cantidades suficientes de magnesio. Además del magnesio, la vitamina D es importante para facilitar el depósito de calcio en los huesos. Sin embargo, los oxalatos, los ácidos fíticos y otras sustancias pueden dificultar la reabsorción del calcio.

Finalmente debo reconocer que el libro de Maria RollingerMilch besser nicht!” (¡Leche mejor no!) se adecúa mejor a la situación que vivimos en Europa, está mucho más documentado y es más completo. Puede consultar en este enlace la reseña bibliográfica que he redactado en detalle, así como la dirección de la editorial para un eventual pedido. En mi opinión, se trata del mejor libro sobre este tema.

1. Resumen

Robert Cohen, un vehemente opositor del consumo de leche y productos lácteos, describe las triquiñuelas de Monsanto y de otros estamentos interesados para obtener la autorización, al menos en los Estados Unidos, del uso de la hormona de crecimiento bovina modificada genéticamente rBGH (Posilac). Esta hormona se ha detectado tanto en la leche como en la sangre de los consumidores.

Sobre todo en la última cuarta parte del libro, Cohen enumera las posibles causas de las enfermedades ocasionadas por el consumo de leche y derivados lácteos, y las explica a partir de los estudios científicos existentes. Las cuestiones sobre el bienestar de los animales, la ecología o la conciencia medioambiental sólo se abordan de un modo tangencial. El libro se centra especialmente en la salud de las personas.

Redaction comment

Con un título tan llamativo, el libro llamó poderosamente la atención. Sin embargo, tanto la obra como su autor adolecían de una serie de puntos débiles que facilitaron las reacciones en contra, sobre todo por parte de los representantes de la industria láctea. Tras haber visto una fotografía del autor –tomada a los cuatro años de la aparición del libro, esto es, en el año 2002– puedo imaginar a Cohen como una persona que predica agua y bebe vino (véase más abajo). En su página web, el autor escribe un blog en el que explica su ayuno total durante 205 días entre los años 1999 y 2000. Dada mi propia experiencia en ayunos debo expresar mis dudas sobre la veracidad de algunas de sus afirmaciones.

Le aconsejo que utilice los enlaces a la Wikipedia incluidos en esta reseña. En ellos podrá comprobar que la industria de los lácteos no ha logrado ocultar todo lo que Robert Cohen nos revela en su libro. Al fin y al cabo, el autor menciona nada menos que 337 referencias –con frecuencia se trata de estudios– que pueden verificarse en su gran mayoría. Cohen se basa para sus afirmaciones en los descubrimientos realizados por muchos científicos de renombre y que trabajan al más alto nivel y a los que se refiere en su obra.

Índice

Los títulos de los capítulos en inglés son los siguientes:

  1. Wholesome Milk: The Dairy Industry Message (p. 1)
  2. A Brief History of Milk in America (p. 11)
  3. Milk has changed: Genetic Engineering (p. 25)
  4. Scientific Proof: Milk Hormones Are Hazardous to Your Health (p. 67)
  5. The Domino Effect: How FDA Misled America (p. 97)
  6. The Plot Thickens: Collusion Between Monsanto, FDA & Congress (p. 127)
  7. The Fourth Estate: What America Was Told About the "New" Milk (p. 173)
  8. (Not So) Wholesome Milk (p. 189)
  9. Milk Consumption: A Second Opinion from the Medical Establishment
  10. Analysis: What is in Milk (p. 235)
  11. Cancer: The Link Between "GrowthHormones" in Milk and Dairy Consumption
  12. The Truth About Calcium, Osteoporosis and Milk Allergies (p. 257)
  13. Mad Cow Disease and Prions: A Frightening Biological Forecast (p. 275)
  14. Alternatives to Milk (p. 283)

Una posible traducción sería:

  1. Leche sana: el mensaje de la industria de los lácteos
  2. Breve historia de la leche en los Estados Unidos
  3. La leche ha cambiado: la ingeniería genética
  4. Pruebas científicas: las hormonas de la leche son peligrosas para su salud
  5. El efecto dominó: cómo engañó la FDA a los norteamericanos
  6. Las conspiraciones: Monsanto, FDA y el Congreso de los EE.UU. se confabulan
  7. El cuarto poder: lo que se dijo a los norteamericanos sobre la "nueva" leche
  8. Leche (no tan) sana
  9. El consumo de leche: la segunda opinión de las autoridades médicas
  10. El análisis: ¿qué contiene la leche?
  11. El cáncer: su vínculo con las hormonas de crecimiento en la leche y el consumo de productos lácteos
  12. La verdad sobre el calcio, la osteoporosis y las alergias a los lácteos
  13. La enfermedad de las vacas locas y los priones: un futuro biológico preocupante
  14. Alternativas al consumo de leche (+ 337 referencias a partir de la p. 289 + Índice p. 307-317)

Texto abreviado de la portada

Las estanterías de las droguerías y supermercados norteamericanos están repletas de remedios para combatir las enfermedades producidas por la leche y los derivados lácteos: pastillas contra el dolor de cabeza, sprays para la nariz taponada, gotas nasales y antihistamínicos (bloqueadores de los receptores de histamina o antagonistas) para aliviar los síntomas alérgicos. Se trata de remedios pensados para el alivio de la flatulencia, las digestiones pesadas, la diarrea y el síndrome del intestino irritable causados por la intolerancia a la lactosa.

Estos trastornos afectan a tres cuartas partes de los individuos. En la actualidad se considera que la caseína es la causa de las inflamaciones de las mucosas, rinitis y dolor de oídos (otitis) en los niños.

Según el autor del libro, Robert Cohen, un sorbo de leche contiene cientos de sustancias diferentes que provocan un fuerte efecto biológico. Entre estas cabe destacar la presencia de proteínas y hormonas, grasas y colesterol, productos fitofarmacéuticos, vitamina D sintética, virus y bacterias.

Asimismo incluye determinados agentes patógenos como, p. ej., los de la leucemia bovina (virus de la leucemia bovina, VLB; enlace en inglés) o leucosis enzoótica bovina, tuberculosis bovina y virus de la inmunodeficiencia bovina (estos tres enlaces en alemán), (lentivirus). La leche actual se diferencia considerablemente de la leche que se consumía antes de la segunda guerra mundial.

La leche presuntamente sana contiene factores de crecimiento (determinadas proteínas) que son perjudiciales para nuestra salud. Al menos en los Estados Unidos, la empresa Monsanto inyecta a las vacas una hormona de crecimiento modificada genéticamente para aumentar la producción láctea y que puede detectarse después en la leche.

Monsanto desembolsó miles de millones de dólares para lograr que las instancias políticas aprobaran dicha hormona artificial. Su argumento consistía en decir que la hormona de crecimiento sintética no se diferenciaba de la natural, algo que no se correspondía con la realidad.

A pesar de las advertencias sobre las consecuencias en la salud del consumo de productos lácteos, la industria de la leche vende cada año más (producción de leche, transformación, distribución; enlace en inglés).

Carrusel de ordeño en una granja en Großerkmannsdorf.© CC-by-sa 3.0, Gunnar Richter, Wikipedia
Fotografía: Gunnar Richter, namenlos.net, Wikipedia en inglés, en "dairy farming", CC 3.
Cuando comparamos el consumo de productos lácteos con el de la cerveza, vemos que no deberíamos hablar de “tripa cervecera” sino más bien buscar la explicación en la leche. Véase en este sentido la información en "abdomen".

¿Cuáles son los inconvenientes de la leche?

En este apartado resumiré los pasajes más importantes que desarrollo más adelante. Debemos diferenciar entre las consecuencias del consumo de leche en casos específicos y las consecuencias del consumo a lo largo de los años y en las cantidades que hoy en día son las habituales. En el primer caso, los problemas surgen inmediatamente o muy pronto.

No obstante, la mayoría de las enfermedades se producen después de varias décadas de consumo de productos lácteos. Es lo que sucede, por ejemplo, con la osteoporosis y la artritis, pero también con las cardiopatías isquémicas. Las estadísticas indican asimismo una mayor incidencia de algunos tipos de cáncer que se relaciona en general con un mayor consumo de leche, aunque es difícil demostrarlo de un modo inequívoco.

Esquema de pérdida de altura corporal en osteoporosis por Prof. Dr. Karl-Hans Arndt© Public Domain, Karlarndthans, Wikipedia
Cambio de la postura y disminución de la altura corporal en casos de osteoporosis, Wikipedia en alemán en “osteoporosis”, Prof. Dr. Karl-Hans Arndt

Los árboles tapan el bosque y el consumidor interesado es incapaz de verlo

Pida consejo a su médico para saber cómo debe combatir la osteoporosis. Le aconsejará seguramente que consuma productos lácteos. Sin embargo, puede comprobarse fácilmente que los efectos de la leche y de los derivados lácteos son justamente los contrarios. La industria de los lácteos conoce bien los estudios científicos que lo demuestran.

La osteoporosis es una enfermedad que afecta fundamentalmente a las mujeres. Con frecuencia se desarrolla como enfermedad crónica debido al consumo de leche y se acompaña también de artrosis en las articulaciones de la cadera y/o rodillas, así como en las articulaciones interfalángicas (falanges de la mano: proximales, medias y distales).

Los factores que entran en juego son muchos y pequeños, y la industria láctea sabe cómo contraatacar inmediatamente encargando estudios que defiendan lo contrario.

Los datos estadísticos pueden presentarse según lo que interese y de este modo se logra demostrar casi cualquier cosa. Si los datos no convienen, se declaran “no contrastados” o se buscan otras razones para poder descartarlos.

Los árboles tapan el bosque y el consumidor interesado es incapaz de verlo. En cualquier caso, si pensamos con lógica, podemos concluir en base a la cantidad de hormonas de crecimiento que contiene la leche, así como a su presencia en la sangre humana, que existe una correlación.

Por otro lado, nuestra genética y su materialización también determinan si padeceremos las consecuencias del consumo de leche de una forma directa u oculta. Desafortunadamente no se gana dinero describiendo los riesgos del consumo de lácteos, salvo quizás si uno es escritor. Esta es una de las razones por las que el lector normalmente los desconoce.

La positiva imagen de la industria de los lácteos se nos ha quedado grabada a lo largo de nuestra vida y actúa a modo de doctrina. Igualmente influye en todos los niveles de la medicina convencional (enlace en inglés).

Algunos problemas determinados genéticamente, como la intolerancia a la lactosa, se presentan de un modo inmediato. Otros surgen durante la infancia, como sucede con la diabetes juvenil o con determinadas inflamaciones ORL (senos paranasales, amígdalas o tonsilas, oído). En cuanto a las alergias, estas pueden desencadenarse pronto o pueden transcurrir varios años o incluso décadas hasta su aparición.

Si estos trastornos no se encuentran en una fase avanzada, pueden curarse en unos tres meses prescindiendo completamente de la leche y de los productos lácteos, y reduciendo el consumo de las restantes proteínas de origen animal. Existen muchos informes de experiencias que así lo han demostrado. Asimismo, la práctica de deporte o la realización de ejercicios para fortalecer la musculatura repercuten positivamente.

En los estudios de investigación realizados sobre la leche y los productos lácteos, se han observado alergias, infecciones de oído y de amígdalas (otitis, amigdalitis), pérdidas de orina (enuresis), asma, hemorragias intestinales (sangrado digestivo), cólicos y diabetes (diabetes mellitus tipo 2, diabetes juvenil) en los niños; y en los adultos una mayor incidencia de cardiopatías isquémicas, artritis, alergias, sinusitis (inflamación de los senos paranasales), leucemia, linfomas (cáncer del sistema linfático) y otros tipos de cáncer (p. 212).

Leche y acné

Frente de un niño de 14 años con "Acné adolescente".© Public Domain, Henryart, Wikipedia
Fotografía: Wikipedia, en "acné"

En relación con la leche como causa del acné, la Wikipedia en alemán “matiza”:

Un estudio de estadística retrospectiva no controlado mediante placebos, realizado por Clement Adebamowo (Boston, EE.UU.) en 2005, afirma haber descubierto una correspondencia estadística entre el consumo de determinados productos lácteos y la aparición de acné entre mujeres jóvenes. Los datos se obtuvieron mediante la valoración de cuestionarios efectuados a más de 47.000 enfermeras.

¡En la versión en inglés se citan tres estudios que lo demuestran!

¿Puede sustituirse la leche?

© CC-by 4.0, Stiftung Gesundheit und Ernahrung, Stiftung Gesundheit und Ernahrung

En el apartado 2.14 encontrará un resumen de diferentes alternativas para sustituir la leche. Las indicaciones incluidas prueban que hay alimentos que suministran calcio de un modo más eficiente. Es posible ingerir bastante más calcio a través de los alimentos vegetales que mediante el consumo de leche.

El ser humano utiliza la leche procedente de los animales desde hace unos pocos miles de años y como bebida desde hace mucho menos tiempo. En la evolución del homo ha estado presente en menos de un 1% de su existencia.

Algunos alimentos muy eficaces como sustitutivos de la leche por su elevado contenido en calcio son, por ejemplo: col rizada, brócoli, hinojo, puerro, pak choi, así como almendras, higos y determinadas aguas minerales o aguas potables. Normalmente puede consultar la composición del agua potable de su comunidad en el ayuntamiento.

Al final de la reseña puede encontrar una lista de libros sobre el tema de la leche y los productos lácteos.

Declaraciones de científicos y/o médicos en el libro

El profesor y doctor en medicina Benjamin Spock señaló que los niños menores de un año no deben consumir leche de vaca. Spock es autor de un libro de referencia sobre puericultura y pediatría publicado en el año 1946. Su argumento principal en contra de la leche de vaca son las reacciones perjudiciales que se producen cuando las “hormonas de la vaca” atraviesan el estómago. Estas se producen porque la leche neutraliza transitoriamente los ácidos gástricos en valores de pH 6. Además, la “American Academy of Pediatrics” (AAP; enlace en inglés) ha reconocido que el organismo humano no es capaz de absorber adecuadamente el hierro de la leche. La AAP es la mayor asociación profesional de pediatras.

El doctor en medicina Neal D. Barnard (enlace en inglés) –autor de “Food For Life” y más tarde director del comité “Physicians Committee for Responsible Medicine”– señaló, en abril de 1995, un buen número de razones que explican la no idoneidad de los productos lácteos para la alimentación humana y por qué nos causan frecuentes enfermedades.

Barnard escribe lo siguiente: ...there are serious problems that can result from the proteins, sugar, fat and contaminants in milk products", que puede traducirse con estas palabras ...hay problemas graves causados por las proteínas, el azúcar, la grasa y los contaminantes presentes en los productos lácteos. (P. 100).

Se refiere a un círculo de problemas como el de las inmunoglobulinas, es decir, las proteínas de los anticuerpos en la leche, la lactoferrina –una proteína con actividades enzimáticas multifuncionales (actividad catalizadora)– y otras sustancias. En parte son muy diferentes, tanto en cantidad como en efectos, según se trate de la leche materna o de la leche de vaca.

Los lisosomas de la leche materna, con sus enzimas digestivas, influyen considerablemente en la flora intestinal del lactante. La leche materna contiene 30 veces más lisosomas que la de vaca, lo que indica su importancia. Las distintas hormonas de crecimiento determinan la flora intestinal del individuo en el futuro.

Pueden observarse diferencias asombrosas entre lactantes que han sido alimentados mediante leche materna durante mucho tiempo y aquellos que han comenzado a una edad temprana a comer alimentos para bebés (enlace en inglés), platos preparados infantiles o leches maternizadas.

El doctor en medicina Robert Kradjian señala la confusión que deben generar en el consumidor y en los médicos los así denominados estudios científicos que, en su mayor parte, están financiados por la industria y presentan normalmente los resultados conforme a sus intereses. Los estudios críticos constituyen una pequeña minoría que no recibe prácticamente ninguna consideración.

La lecha de vaca contiene en comparación con la leche materna tan poco hierro que pueden producirse anemias (según palabras del doctor en medicina Frank A. Oski en “The Journal of Pediatrics”, 1983, p. 72-253). Oski fue director del Johns Hopkins Children’s Center y autor del libro “Don’t Drink Your Milk”. En el año 1972 obtuvo el premio E. Mead Johnson de la asociación Society for Pediatric Research (miembro de la American Pediatric Society).

En su libro “The Allergy Discovery Diet”, el también doctor en medicina John Postley menciona la leche como uno de los mayores males en relación con las alergias. Los consumidores deberíamos prestar atención a las sustancias que contienen los distintos productos como, por ejemplo, cereales (gluten) y caseína. Asimismo, Harvey y Marilyn Diamond escriben en su bestseller “Fit for Life” que nada socava tanto la salud como la leche y los productos lácteos. En este sentido mencionan especialmente el colesterol de los lácteos, las alergias que producen y las mentiras sobre los efectos positivos del calcio de la leche.

Comparativa: Leche humana, Vaca, Oveja, Cabra y Yegua, segun Wikipedia, julio 2014, en Leche materna, Wikipedia alemán.

Contenido/100 ml Humana Vaca Oveja Cabra Yegua
Agua 87,2 % 87,5 % 82,7 % 86,6 % 90,1 %
Hidratos de carbono 7,0 % 4,8 % 6,3 % 3,9 % 5,9 %
Grasas 4,0 % 3,5–4,0 % 5,3 % 3,7 % 1,5 %
Proteínas 1,5 % 3,5 % 4,6 % 4,2 % 2,1 %
Oligoelementos 0,3 % 0,7 % 0,9 % 0,8 % 0,4 %
kcal 70 64–68 86 65 43
kJ 294 268–285 361 273 180
Potasio (mg) 47 141
Sodio (mg) 14 45
Potasio:Sodio 3,4 3,0
Calcio (mg) 33 116
Magnesio (mg) 3 12
Calcio:Magnesio 11 10
Hierro (µg) 58 59
Fósforo (mg) 15 92

Distribución mundial de la intolerancia a la lactosa (Wikipedia). En realidad no somos conscientes de que tan sólo un reducido porcentaje de las personas no presentan ninguna intolerancia a la lactosa. Esta intolerancia puede originarse también como consecuencia de haber prescindido del consumo de leche durante años.

Tasas de intolerancia a la lactosa en diferentes regiones del mundo.© CC-by-sa 3.0, Rainer Renz, Wikipedia
Imagen de Rainer Zenz en Wikipedia.

Observaciones personales

"MILK The Deadly Poison" es un título exagerado para un libro, no obstante la dirección a la que apunta es sin duda la correcta. Un presupuesto de marketing de miles de millones por parte de la industria alimentaria no deja espacio a los medios de comunicación escritos o electrónicos para informar eficientemente al público. Los ingresos que reporta la publicidad son muy elevados y sus costes se compensan rápidamente, y no sólo para la leche y los productos lácteos.

Seguro que usted también cree que la leche es especialmente saludable ¿o no?

Robert Cohen menciona en su prólogo la impresión que le causó la noticia de aquel verano de 1994 en la que se decía que la empresa Monsanto Agricultural Company manipulaba el factor de crecimiento natural de la leche de vaca. Los empleados de Monsanto trabajaron duro para combinar la bacteria E. coli (Escherichia coli) con el material genético de las vacas y lograr una nueva hormona de crecimiento. Las vacas inyectadas con esta sustancia contribuirían a un incremento de la producción lechera. Esto es una forma de dopaje en animales indefensos.

El libro se publicó en 1998 después de tres años (en realidad cuatro) de trabajo, en un tiempo en el que 25 millones de norteamericanas de más de 40 años sufrían patologías que afectaban a sus huesos, como artritis, y/u osteoporosis (p. XI). Estas mujeres habían ingerido a lo largo de su vida una media de más de un litro diario de leche. Cohen se pregunta por qué los médicos no se cuestionaban estos hechos, es decir, por qué no les extrañaba que un consumo de leche tan elevado no hubiese evitado estos trastornos si se suponía que ingerir lácteos debería impedir la aparición de osteoporosis.

Nos interesa saber ahora cuáles son las verdaderas razones para condenar la leche. Los consumidores atentos reconocen que, desde las fuentes más variadas, se defienden algunos buenos motivos para prescindir del consumo de lácteos. Sin embargo, no es frecuente que conozcamos los datos tal y como realmente son. Estos existen desde hace décadas pero permanecen prácticamente escondidos, como si estuviesen encerrados en un armario para productos tóxicos.

Monsanto no ha logrado obtener aún la autorización para introducir en Europa la hormona de crecimiento manipulada genéticamente. Por este motivo me contentaré con describir someramente los problemas generados por la adición de esta hormona, así como las razones que explican por qué han fallado completamente las correspondientes instancias.

Entre estas razones destacan la profunda interdependencia entre industria y científicos, la influencia –en el sentido de la manipulación de la política a través de grupos de presión (lobby) sobre las instituciones– y finalmente el dominio indirecto de los medios de comunicación de masas (el cuarto poder) por parte de los grupos empresariales de la industria y el comercio.

Seguro que usted también cree que la leche es especialmente saludable ¿o no? Incluso a algunos veganos les cuesta prescindir de los lácteos y cuando lo hacen es por motivos de compasión hacia los animales y no por los efectos perjudiciales de la leche. El interés de este libro no reside en el hecho de que lo haya escrito Cohen, sino en el modo tan meticuloso con el que ha recopilado datos de otras fuentes. Esta ha sido su gran aportación.

Algunos de los datos proceden de estudios que han sido realizados por científicos de renombre y no han sido financiados por la industria de los lácteos. La imagen que presentan es tan diferente de la que procede de los estudios encargados por dicha industria que en verdad nos cuesta admitirla.

A pesar de la publicación de los resultados a los que han llegado estos científicos –resultados altamente convincentes– en las revistas especializadas más prestigiosas, la verdad no tiene ninguna posibilidad de imponerse frente al enorme poder de manipulación de las fuentes de influencia antes mencionadas que disponen de presupuestos milmillonarios. Además, pocas personas son capaces de ponderar adecuadamente estos datos y reflexionar sobre la cuestión con independencia de las constantes influencias.

De este modo resulta imposible que la gran mayoría cambie su forma de pensar. ¿Cómo? Si hasta los médicos se creen el cuento de que la leche es buena contra la osteoporosis. ¿Y por qué debería cambiar la visión de los médicos cuando esta “leyenda urbana” impregna sus pensamientos y continúan recibiendo invitaciones para congresos de formación organizados por la propia industria? Prácticamente se sienten obligados a defender los dogmas o dictados (doctrina, consenso científico) que han aprendido.

Sobre el autor

Robert Cohen comenzó el 7 de noviembre de 1999 una huelga de hambre que mantuvo, según su página web notmilk.com, hasta el 29 de mayo de 2000, es decir, durante 205 días. Cada uno de estos días escribe una entrada en su blog y se refiere, entre otros temas, a la historia de la autorización concedida a Monsanto para la utilización de la hormona de crecimiento sintética (Monsanto también ha desarrollado el herbicida Roundup; enlace en inglés) y otras injusticias. La web se sitúa en el nº 649.579 del ranking Alexa y en Google PR4 (datos de 2014) lo que significa que su página atrae a un gran número de lectores.

Robert Cohen, abril de 2001, en echoworld.net.© Por cortesía de Rolf Rentmeister, echoworld.net
Fotografía por cortesía de Rolf Rentmeister, Echoworld.net en Echo Germanica, abril 2001, nº 4, en Total Health, Conferencia de Toronto, Canadá

Fotografía de Robert Cohen en una conferencia de marzo de 2001. ¿Cómo puede corresponder este retrato al de una persona que ha mantenido un ayuno durante 205 días hasta mayo de 2000? Acaso si, en lugar de agua, hubiese tomado bebidas alcohólicas. Su título de doctor, según publica Echoworld, no es la cuestión, sino saber si su oficio es realmente la psiconeuroendocrinología.

Cohen no me contestó cuando se lo pregunté. Esta rama del conocimiento estudia el sistema endocrino y sus relaciones con el comportamiento y las vivencias (enlace en alemán).

Prólogo de Jane Heimlich, resumen

Jane Heimlich, la redactora del prólogo, es autora del libro “What Your Doctor Won’t Tell You”. Heimlich recuerda las palabras que su padre le decía cuando no se terminaba su ración de leche diaria y nos muestra hasta qué punto estamos condicionados por algo que es mentira. Menciona como la mentira más conocida la que asegura que el calcio de la leche refuerza nuestros huesos cuando precisamente ocurre todo lo contrario. Las correspondientes explicaciones pueden leerse en el libro.

La autora demuestra que incluso la leche desnatada contiene demasiada grasa y es especialmente rica en colesterol “malo”. Señala también la presencia de antibióticos, bacterias y pus en la leche.

Descubrimos que Monsanto dedicó 500 millones de dólares a su proyecto de investigación y desarrollo. Con la inyección directa de la hormona de crecimiento sintética Posilac (no Prosilac) a las vacas, los ganaderos podrían obtener una producción de leche un 20% más elevada. Para diferenciar la somatotropina bovina natural (bST o BST: bovine somatotropin; BGH: "BovineGrowthHormone") de la que se elabora artificialmente mediante la recombinación genética con bacterias, se añade una “r” a su denominación.

Así, la hormona de crecimiento producida mediante la Escherichia coli se denomina rBST o rBGH (hormona de crecimiento bovino recombinada o somatotropina bovina recombinante; enlace en inglés). Posilac es la marca de Monsanto. Los concesionarios de dicha licencia comercializan sus productos con otras marcas.

Jane Heimlich opina que tanto la pasteurización como la homogeneización desposeen a la leche de muchas de sus cualidades naturales. Se ha comprobado que inyectar rBGH a las vacas fomenta el uso de antibióticos para combatir la mastitis, es decir, la inflamación de las ubres (enlace a un artículo en alemán en zalp.ch).

La Wikipedia en su artículo sobre somatotropina bovina dice lo siguiente: Las más grandes polémicas son debido a que estas hormonas son elevadas y causan una serie de efectos secundarios en la vaca entre los cuales se incluyen la mastitis, la cual genera dolor innecesario e inusual e inflamación de la ubre produciendo pus, con lo cual se administran antibióticos para disminuir la infección. Tanto el pus como los antibióticos pasan a la leche comercializada y sus derivados lácteos. Y en su versión en inglés: Milk from rBST-treated cows is not, however, chemically identical to traditional milk. Milk from rBST-treated cows contains slightly elevated levels of hormones such as BST, and "Insulinlike GrowthFactor 1" (IGF1).

Peor le parecen a Heimlich el gran número de factores de crecimiento insulínico presentes en la leche (IGF, "Insulinlike GrowthFactors"; en concreto el IGF-1). Estos se consideran factores claves en el crecimiento de las células cancerígenas. La autora critica no sólo a las demarcaciones administrativas (departamentos, organismos autónomos) responsables de la autorización, sino también a la OMS y a la asociación médica American Medical Association (en inglés: AMA). Estos no habrían retomado las crecientes críticas a los ganaderos de la industria láctea y habrían fallado en sus obligaciones.

Robert Cohen recopiló a lo largo de tres años los datos que le han llevado a asegurar que la leche y los productos lácteos son causantes de enfermedades, como las que afectan al corazón (enfermedades cardiovasculares), y son factores que incrementan considerablemente el riesgo de padecer cáncer de mama. El lector descubrirá en su libro que la leche no es sólo un mal suministrador de calcio, sino también los motivos por los cuales genera alergias y otros muchos trastornos.

No es preciso creer a Cohen de forma incondicional. Su libro nos muestra la evolución y los datos de las trampas y mentiras de Monsanto, de organismos como la FDA y JAMA, de Science News (enlace en inglés) e incluso de Science, la publicación científica por excelencia. Determinados pasajes se leen casi como una novela policiaca, sin embargo puede destacarse su minuciosa (completa, exacta) documentación. Así, las 337 referencias bibliográficas, en su gran mayoría contrastables.

Jane Heimlich ha sido testigo de primera mano de otros comportamientos ciegos de las instituciones. Su marido es el doctor en medicina Henry Jay Heimlich que desarrolló una técnica más efectiva para desobstruir las vías respiratorias en caso de atragantamiento. Los golpes dados en la espalda no hacían más empujar el objeto hacia abajo por los conductos respiratorios. La Cruz Roja Norteamericana (ARC) continuó aconsejando esta técnica ineficaz –por su ceguera burocrática– en lugar de dar a conocer la Maniobra de Heimlich que podía salvar vidas. La Wikipedia lo explica igualmente.

Del prefacio de Cohen

A 25 millones de norteamericanas mayores de 40 años se les diagnosticó osteoporosis y artrosis. Estas mujeres bebían diariamente casi un litro de leche o comían productos lácteos que correspondían a dicha cantidad. Cohen nos pregunta: ¿qué impide a los pacientes y a los médicos reconocer que la leche no es un remedio contra la osteoporosis sino su causa?

En los países con nulo o reducido consumo de leche, los casos de osteoporosis y artrosis son excepcionales. Cohen considera que los millones y millones dedicados a una publicidad inteligente han cerrado nuestros ojos ante las evidencias. También nos muestra que las hormonas de crecimiento de la leche, con sus enormes efectos, no se descomponen en el estómago como sucede con la carne. En realidad, se trata de la primera enumeración de todas las causas y efectos que desarrollará y argumentará posteriormente a lo largo del libro.

2. Reseña bibliográfica

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