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27/3/2015 6:44:00
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Reseña del libro "NO MILK!“ (¡Leche no!) de Daniel A.Twogood

Alérgenos lácteos y aditivos en los alimentos pueden conducir a dolor de cuello, dolor de espalda o dolores de cabeza. El estudio de caso con 3000 pacientes ...

Título NO MILK
Subtítulo Una solución revolucionaria para el dolor de cabeza, espalda y cervicales
Autor Daniel A. Twogood, D.C.
Editorial Wilhelmina Books, California.
Publicación 1991
Páginas 261
ISBN 0-9631125-0-3
Observaciones

Además de la leche, el autor analiza otros posibles alérgenos y toxinas que pueden causar dolores crónicos. D.C. significa Doctor en Quiropráctica.

Conclusión

Los alérgenos y las toxinas pueden ser la causa de muchas enfermedades crónicas. Si padece una enfermedad a la que su médico o especialista no encuentra una causa, intente experimentar con su dieta para averiguar cuáles son los alimentos a los que usted podría ser alérgico. Preste atención asimismo a los aditivos a los que podría reaccionar su cuerpo.

Si eliminamos la caseína (la proteína de la leche) y los alérgenos potenciales, el glutamato monosódico (E621), los aditivos que se encuentran mezclados en la comida preparada, así como las posibles sustancias tóxicas, según este libro, eliminaremos también todo tipo de dolores crónicos de cervicales, espalda o cabeza. El autor también señala otros ingredientes que se encuentran en los alimentos y que pueden ser problemáticos. Un ejemplo de ello son el gluten, la soja, el maíz o los alcaloides de las plantas solanáceas.

El autor del libro y yo mismo —como médico— somos conscientes de que una evidencia científica no es muy amplia si solamente se cuenta con una muestra de 3 000 casos para confirmar o reforzar las afirmaciones que presenta el libro. Las razones para ello son múltiples: se trata de un tema complejo que requiere de la colaboración interdisciplinaria con fisiólogos, bioquímicos y nutricionistas entre otros especialistas. El asunto está muy estrechamente relacionado con los problemas de financiación de grupo de poder de la industria láctea, sector de gran importancia e influencia, y así se explica la falta de conclusiones basadas en la evidencia.

También es probable que muchos pacientes acudan a la consulta del doctor DANIEL A. TWOGOOD cuando ya no da resultado ningún otro método. Esto explica el elevado porcentaje de curación.

El autor no se ocupa de todos los problemas que causa la leche, sino solamente de aquellos problemas que originan los alérgenos. Para obtener información completa acerca de los problemas que causan la leche y los productos lácteos en nuestra salud recomiendo leer el libro Milch besser nicht! (¡Leche mejor no!) de Maria Rollinger o al menos su reseña.

Resumen

El doctor DANIEL A. TWOGOOD ha tratado en su consulta a 3 000 pacientes en seis años. La mayoría de los problemas relacionados con el aparato locomotor desaparecieron o al menos se redujeron significativamente después de que los afectados dejaran de tomar leche. El autor trabaja como quiropráctico y tiene una consulta privada en California, EE. UU, donde ayuda a sanar trastornos funcionales, en realidad reversibles, del sistema locomotor, que comúnmente también se llaman contracturas o tensiones musculares. El capítulo «La relación con la leche» (en inglés: Milk-Connection) relata el caso de uno de sus pacientes, que tras realizar una comprobación minuciosa de sus hábitos alimenticios afirmó que sus dolores de cervicales, espalda y cabeza solían aparecer, por lo general, tras consumir productos lácteos. Durante sus observaciones —que son comparables a un estudio de cohorte prospectivo hipotético—, el doctor DANIEL A. TWOGOOD llegó a la conclusión de que la caseína, una proteína de la leche, puede desencadenar una reacción alérgica con gran variedad de síntomas diferentes que van desde el dolor crónico, pasando por problemas en el aparato locomotor, trastornos digestivos y hasta cambios de comportamiento.

Por ello va un paso más allá y escribe: «En mi opinión, eliminar los productos de origen animal de la dieta es probablemente el cambio más importante que puede hacer una persona por su salud. Sin embargo, muchos programas vegetarianos dependen en gran medida de los productos derivados de la soja y por ello pueden originarse alergias». (p. 138)

Índice de contenidos

El origen de las enfermedades, The Cause of Disease p. 24
La relación con la leche, The Milk-Connection p. 50
Otros alérgenos y toxinas, Beyond Milk: Other Allergens and Poisons p. 119
Síntomas, The Symptoms p. 174
Historias reales, The Stories p. 192
Normas para la salud, Prescription for Health p. 213
Conclusión, Last Word p. 248
Bibliografía, Sources p. 253, Index p. 255

Texto de presentación

El doctor DANIEL A. TWOGOOD se licenció en kinesiología por la Universidad de California en Santa Bárbara, California, EE. UU. Más tarde fue alumno en la Facultad de Quiropráctica de Cleveland de Los Ángeles hasta su graduación en 1983. Antes de abrir su propia consulta en Apple Valley, California, trabajó en el Instituto Internacional de Medicina Deportiva en el oeste de Los Ángeles.

En su consulta trató a un paciente con dolores de espalda y de cabeza provocados por cierto tipo de alimentos; en concreto la leche. Este libro es el resultado de la investigación de esta declaración durante seis años.

Breve resumen de la reseña de Amazon

«Un cambio en nuestros hábitos alimentarios puede ayudarnos a liberarnos del dolor». El doctor DANIEL A. TWOGOOD, un doctor con titulación en quiropráctica, promulga en su libro que la caseína, que es una proteína que se encuentra en la leche, es el principal responsable de la aparición de dolores crónicos de cabeza, cervicales y espalda. Nos relata su historia con un humor muy cercano; su escritura es de lectura fácil y ayuda, incluso a los menos entendidos, a identificar dónde y bajo qué nombre se encuentran la caseína y sus derivados.

También encontraremos referencias a otros alimentos que contienen sustancias problemáticas como el glutamato monosódico (E621), el trigo y el maíz. Su objetivo principal consiste en liberar a sus pacientes de sus molestias y que estos ya no tengan la necesidad de acudir a su consulta. La leche es el principal causante del tipo de dolores que él trata a diario, como son el dolor de espalda, cabeza y cervicales. Llegó a esta conclusión cuando uno de sus pacientes afirmó que sus dolores estaban, sin duda, relacionados con el consumo de leche.

En un principio le costó creer esta afirmación, pero seis años más tarde y la experiencia de tratar a muchos pacientes le convencieron. Si usted también sufre este tipo de dolores, deje de hacerse daño a sí mismo, anímese a leer el libro y a seguir la dieta que nos propone el autor. No se trata de una intervención mayor, sino solo de un experimento que muestra si dejar de consumir caseína implica un alivio del malestar.

Cómprese este libro y descubra qué alimentos incluyen leche y productos lácteos. Deje que este descubrimiento también le ayude a usted, porque se vive mejor sin dolor. (Linda Blanchard, 11/00)

Sobre el autor

El doctor DANIEL A. TWOGOOD es quiropráctico en Apple Valley, California, Estados Unidos. Primero estudió en la Universidad de California, donde se licenció en deportes y educación física en 1973. Más tarde, hasta el año 1983 estudió en la Facultad de Quiropráctica de Clevelanddonde se graduó con magna cum laude. En 1984 empezó a trabajar en el Instituto Internacional de Medicina Deportiva en el oeste de Los Ángeles, donde trató a algunos atletas que participaron en los Juegos Olímpicos de verano aquel año. En 1985 abrió su propia consulta en Apple Valley, California, Estados Unidos, donde descubrió la relación entre la leche y el dolor. Es autor de cuatro libros sobre el dolor crónico: No Milk (Leche no) (1991), How To Rid Your Body Of Pain (Cómo liberar a su cuerpo del dolor) (1996), MSG Is Everywhere (El GMS está en todas partes) (1997) y su último trabajo hasta ahora, Chronic Pain Gone 90 Days (Eliminar el dolor crónico en 90 días). El autor está disponible para realizar entrevistas y conferencias públicas. (The Independent Author Network)

Reseña del libro

No somos conscientes de que más del 50 % de nuestras enfermedades dependen de nuestra alimentación. Hipócrates solía decir que la clave para gozar de buena salud es seguir un estilo de vida lo más sano y natural posible.

El origen de las enfermedades    p. 24

Hoy en día todos los médicos hacen el juramento hipocrático con el objetivo de no perjudicar al paciente. Sin embargo, a ojos del autor, actualmente la mayoría de los médicos parecen más bien «respetados prescriptores de medicamentos» (p. 25 más abajo). «Su objetivo prioritario es conseguir un diagnóstico rápido para, a continuación, tratar al paciente con medicamentos». (p. 27 arriba).

No aprovechan la ocasión del primer contacto para recoger el historial de un paciente, que entre otras cosas podría proporcionar información relevante sobre sus hábitos alimenticios. La educación médica tradicional, así como las presiones de tiempo y eficacia que sufren los médicos hoy en día pueden ser la causa de que lo principal sea conocer el diagnóstico. Sin duda, las pruebas médicas instrumentales como las muestras de sangre, los rayos X, la tomografía axial computarizada (TAC) o las imágenes por resonancia magnética (IRM) también son medios muy importantes para detectar posibles afecciones.

Cuando ya se conoce el diagnóstico, la medicina convencional, sobre todo en las disciplinas no quirúrgicas, suele aplicar terapias basadas en productos farmacéuticos. A pesar de que existe un público más despierto y mejor formado que poco a poco va poniendo en duda estas cuestionables decisiones basadas en que «El medicamento correcto le ayudará» (p. 25 abajo), estas decisiones siguen estando bien aceptadas por el público general.

Ejemplos de estas enfermedades son las enfermedades hereditarias, los traumas, las infecciones por agentes patógenos, los alérgenos y sustancias tóxicas, así como las enfermedades por causas desconocidas o idiopáticas). En medicina no siempre se encuentran las causas de una enfermedad.

Los hallazgos que hemos recogido hasta ahora en relación con la atención sanitaria provienen del principio ensayo y error (en inglés: trial and error). Los médicos que siguen la medicina basada en la evidencia, en ocasiones parece que considerasen el cuerpo humano como un «parque de ensayos químicos» (p. 26 centro). Desde Paracelso sabemos que la introducción de una sustancia química en el torrente sanguíneo manipula o modifica los síntomas físicos. También sabemos que puede desencadenar efectos secundarios.

En su cuarto libro llamado Chronic Pain Gone 90 Days (Eliminar el dolor crónico en 90 días), en el capítulo: Simplemente di no a las drogas, p. 28 y ss. (ver imagen más abajo) el doctor DANIEL A. TWOGOOD afirma que los medicamentos, como toxinas potenciales, confunden y desequilibran el sistema (el cuerpo) donde se encuentran. Teniendo en cuenta esta afirmación, el autor llega a la conclusión que un cuerpo enfermo no consigue el equilibrio si se le añade una sustancia tóxica más, sino si se le apartan los alérgenos o toxinas que le provocan dicho desequilibrio.

Ni el autor ni nosotros podemos pasar por alto que desde el siglo pasado existen cada vez más casos de cáncer, a pesar de que contamos con la medicina más moderna. ¿Cómo es posible que las enfermedades del corazón, que hoy están a la orden del día, casi no existiesen en el S.XIX? ¿Puede deberse a la falta de diagnóstico, a una cantidad menor de médicos, a que las personas no acudían tanto al médico, a que no estaban tan bien documentados o a que fallan las estadísticas?

El doctor DANIEL A. TWOGOOD se ha basado en la experiencia, la observación, en estudios publicados y su consiguiente derivación, para llegar a la conclusión de que la leche no es un alimento saludable (p. 31 centro). Una derivación que tiene menor peso debido a la falta de ensayos clínicos ciegos basados en la evidencia. A pesar de la falta de evidencia científica, hace referencia a las múltiples discusiones de Internet. Tampoco se pueden desechar estas teorías de forma categórica antes de hacer pruebas (en inglés: trials). Según el autor, se pueden atribuir a la leche muchos problemas de salud, incluso aunque la persona no sea alérgica a la lactosa.

En el año 1985 el doctor DANIEL A. TWOGOOD, comenzó a interesarse por los enfoques de la bioecología tras conocer, gracias a uno de sus pacientes, que los dolores de cabeza, espalda y cervicales habían desaparecido tras dejar de consumir productos lácteos.

Robert Ester, un hombre de unos cincuenta años, después de sufrir durante años dolores severos de cabeza, espalda y cervicales, había visitado a varios médicos y especialistas quienes, a pesar de haberle realizado innumerables pruebas, no encontraron la causa de sus dolencias. Cada uno de ellos sospechaba que podía ser una afección diferente y le aplicaron el tratamiento correspondiente.... pero todo fue en vano. Un día, dos médicos le advirtieron de que tenía los niveles de colesterol ligeramente elevados; algo que en principio no tenía nada que ver con sus dolores. A pesar de ello decidió cambiar su dieta por su propia cuenta y para reducir sus niveles de colesterol decidió renunciar a la carne roja, los huevos, todo tipo de grasas, productos lácteos y dulces.

Descubrió que tras dos semanas sus dolores comenzaron a remitir, pero no podía saber qué alimento era el que le hacía daño. Aproximadamente cuatro meses después de su cambio de dieta le entraron muchas ganas de tomar un vaso de leche. Cuando la leche tocó sus labios, sintió de inmediato una sensación de ardor por toda su columna vertebral y un poco más tarde sufrió un fuerte dolor de cabeza. Después ha estado expuesto a los productos lácteos en otras 25 ocasiones y cada una de ellas con el mismo resultado.

Hasta 1985 el doctor DANIEL A. TWOGOOD creía que los dolores de cabeza, espalda y cervicales eran el resultado de un trauma en la columna vertebral. Los cambios estructurales conducen a cambios fisiológicos, que a su vez son responsables de la aparición de los síntomas (p. 32 arriba). Mediante la manipulación de las estructuras óseas afectadas, los quiroprácticos consiguen modificaciones traumáticas. «El precepto de filosofía quiropráctica es determinar las causas de los síntomas con el fin de eliminarlos después» (p. 32 centro).

Por el contrario, los médicos tratan de eliminar los síntomas y las enfermedades mediante cambios estructurales y cambios químicos controlados siempre que sea posible. Es decir: medicamentos frente a operaciones. Si los dolores tienen por causa una inflamación, se elegirá un tratamiento con medicamentos antiinflamatorios, como los antinflamatorios no esteroideos (AINE). Si además el paciente sufre espasmos musculares (calambres), el médico también le recetará un relajante muscular.

Parece que las compañías farmacéuticas trabajan día y noche sin descansar para encontrar nuevos inventos químicos que puedan combatir los síntomas de manera eficaz. Si los cambios estructurales son graves o irreversibles, entonces el médico intentará solucionar el problema en el quirófano.

Los quiroprácticos intentan evitar la aparición de algunos de los síntomas mediante la manipulación de las estructuras óseas. Lo que significa que, por ejemplo, una subluxación (luxación incompleta de una articulación) precede a un síntoma y lo que el quiropráctico consigue mediante la corrección de la luxación incompleta es prevenir la aparición del dolor. Una persona sana que desarrolla síntomas debido a una subluxación, puede evitar la enfermedad. El lema es la «prevención». (p. 33 centro)

Sabemos que si no existe ningún problema, no es necesario ningún tratamiento. Sin embargo, debido a la responsabilidad que tenemos por nuestro bienestar, tomamos medidas de prevención primaria. Siempre que un especialista de la medicina nos proponga una cirugía invasiva, un tratamiento médico o una dieta, como pacientes tenemos la obligación de decidir si aceptamos el tratamiento que nos han sugerido o no.

Otro problema es que muchos pacientes que sufren afecciones crónicas han visitado infinidad de profesionales como el médico de familia o el especialista, de modo que han recibido varios diagnósticos y han sufrido muchas terapias sin conseguir resultados en términos de mejora. Muchas de estas personas acudirán a la medicina alternativa con el objetivo de encontrar por fin un alivio.

La manipulación de la columna vertebral que realizan los quiroprácticos es un medio muy eficaz del sistema de atención sanitaria. Antes de que el doctor DANIEL A. TWOGOOD comenzase a dedicarse a la bioecología —la doctrina que explica cómo reacciona el cuerpo humano a las influencias de su entorno— él era un quiropráctico convencional que conseguía buenos resultados a través de la manipulación de la columna vertebral, sin embargo, no conseguía que todos sus pacientes se recuperasen. Aquellos que no lo conseguían, volvían a ser tratados con medicamentos o se sometían a una operación.

Si la quiropráctica fracasa como tratamiento tradicional y los ortopedas y neurólogos también están perdidos, suelen seguir haciéndose más pruebas. Dichos análisis están diseñados para encontrar una aguja en un pajar, pero: «¿Y si la aguja no se encuentra en el pajar?» (p. 36 arriba). La aguja está en el pesebre donde comen los animales, sin embargo, por más que se hagan pruebas y análisis, los resultados no indican el origen de la enfermedad y el proceso toma la dirección equivocada.

«Todos los médicos buscan con uñas y dientes la aguja en el pajar, mientras el cerdo que al comer se ha pinchado la aguja en la boca no deja de gritar y nadie le presta atención. Después de una búsqueda sin éxito, los médicos vuelven a incorporarse, se limpian el polvo de las manos y los pies y contratan a alguien para que mate al cerdo que está gritando. Finalmente se dirigen hacia el paciente y le aconsejan vivir con el dolor o visitar a un psiquiatra» (p. 36 arriba).

Según el doctor DANIEL A. TWOGOOD los pacientes deben considerar la terapia bioecológica antes de someterse a una operación quirúrgica o a un tratamiento con medicamentos. Tanto en la universidad de medicina como en la de quiropráctica hay estudiantes mediocres que se convertirán en médicos mediocres; pero ese no es el problema. Necesitamos ideas nuevas y distintos enfoques para el tratamiento, en particular para aquellas personas que no han encontrado ninguna solución siguiendo el camino de la medicina convencional o la medicina basada en la evidencia.

Por este motivo, el autor defiende la tesis de que «La leche de vaca no es un alimento saludable para las personas. La leche nos hace más daño que cualquier producto para la reforma del hogar que existe en el mercado. La leche no es buena ni para los niños ni para los adultos. La leche de vaca está diseñada exclusivamente para alimentar terneros» (p. 42 centro).

«Los médicos solo quieren oír aquello que se ajusta a sus convicciones. La teoría que hemos mencionado anteriormente no tiene lugar en la medicina convencional, por lo que hasta ahora ha sido ignorada por los profesionales médicos» (p. 47 centro). 

Durante mi etapa de estudiante de medicina en la Universidad de Basilea (Suiza) aprendí que eliminar el consumo de queso reduce la propensión a sufrir migraña y que eliminar el consumo de chocolate reducirá el acné de nuestra piel y mejorará nuestro aspecto físico. La relación entre estas afecciones y los alimentos era fácil de suponer y por ello los profesionales de la medicina (incluyéndome a mí) desaconsejaban a sus pacientes el consumo de queso o chocolate en caso de sufrir migraña o tener acné respectivamente.
Sin embargo, no todas las personas reaccionan a los alérgenos. Solamente se desencadenará una reacción alérgica tras la exposición al alérgeno si la persona es sensible a dicho alérgeno. Incluso en pequeñas cantidades, los alérgenos pueden provocar síntomas. El veneno es tóxico para todas las personas, sin embargo, depende de la cantidad que tomemos. Paracelso dijo: «Todo es veneno, nada es sin veneno. Solo la dosis hace el veneno».

Me ha sorprendido el hecho de que el doctor DANIEL A. TWOGOOD  haya conseguido demostrar que los productos lácteos y otros alérgenos comunes y toxinas son la causa de dolencias musculares y articulares. De mi época universitaria y la experiencia hospitalaria recuerdo las modificaciones del estilo de vida como terapia para tratar el síndrome metabólico, que incluye cambios como: pérdida de peso, reducción de la presión arterial, reducción de los niveles de grasa en la sangre, así como el seguimiento de una dieta para regular los niveles de azúcar en la sangre.

Si una persona afectada ha acudido a su médico de familia, quien le ha aconsejado que continúe realizándose pruebas y en su diagnóstico no encuentra obesidadpresión arterial alta, los niveles de grasa demasiado altos o resistencia a la insulina, deberá recurrirse a la anamnesis del historial médico, para detectar si se trata de un traumatismo agudo o quizá sean muestras de un esfuerzo excesivo de una articulación. A continuación una extracción de sangre para determinar los cambios en la misma (como signos de infección e inflamación) y finalmente una imagen médica que, para conseguir la mejor definición se hacía mediante un TAC o una resonancia magnética.

Tras el resultado de las pruebas anteriores se solía dar un diagnóstico que, tal como escribe el doctor DANIEL A. TWOGOOD en su libro, en la mayoría de los casos iba seguido de un tratamiento farmacológico. Según mi propia experiencia, las medidas relacionadas con la alimentación jugaban un papel secundario, no obstante, una excepción de ello era el síndrome metabólico que he mencionado anteriormente.

La relación con la leche p. 50

En el caso de alergia a la leche, incluso cantidades mínimas de caseína provocan dolores de cabeza, espalda y cervicales que pueden durar entre tres y cuatro días. Si una persona alérgica desayuna cereales con leche a principios de semana, el miércoles toma un poco de queso y el fin de semana una tortita (pancake en inglés) tendrá dolores durante toda la semana siguiente.

Por lo general, si la persona es sensible, los síntomas aparecen entre 24 y 48 horas después de la ingesta y pueden durar entre tres y cuatro días. A los alérgicos a la penicilina no se les indica que pueden tomar «solo un poco» de penicilina, sino que reciben un documento de registro de alergias donde figura que esa persona no puede tomar penicilina bajo ninguna circunstancia.  (p. 76 centro)

Otros alérgenos que provocan sensibilización son el chocolate, el helado y la nata. El chocolate con leche, por ejemplo, contiene, entre otros ingredientes, cacao, leche, azúcar y teobromina; este último se caracteriza por ser un estimulante. La teobromina es similar a la cafeína desde el punto de vista químico. Por otro lado, pensar que el chocolate con leche aumenta la sensibilización es un error.

El desencadenante de los dolores de cabeza, espalda y cervicales es la combinación de azúcar y teobromina, una mezcla que se encuentra presente en todo tipo de chocolate, ya sea blanco, con leche o amargo (negro). (p. 101 y 110)                                                                                                                                                                                                   

Por lo tanto, el doctor DANIEL A. TWOGOOD aconseja, además de la leche, no tomar chocolate y llega a la conclusión siguiente: «La gravedad de una alergia depende del contenido de caseína y de si esta se ingiere en combinación con azúcar, tebromina u otros estimulantes». (p. 102)

Muchas personas piensan que hacerse mayor implica tener dolores corporales y simplemente lo aceptan (p. 81 centro). Sin embargo, estas dolencias podrían ser la consecuencia de una alergia a la leche debida a un consumo de leche continuado que los médicos no han podido diagnosticar. Así que, ¿por qué no dejar de lado todos los productos lácteos y esperar a ver si mejoran los dolores?  

La razón principal de que el autor profundizase en este tema fue la observación de uno de sus pacientes, quien afirmó que los derivados de la leche eran los causantes de sus dolores en las articulaciones: durante los seis años siguientes, el autor pudo demostrar la relación entre el consumo de leche y los problemas en las articulaciones, que en apariencia era una casualidad, en 3 000 de sus pacientes. (p. 51 y 97)

Llegados a este punto cabe destacar, una vez más, que se trata de evidencia anecdótica que, a diferencia de la evidencia empírica no permite interpretaciones por analogía, pero constituye una base muy buena para estudios posteriores, que confirman la afirmación anterior (medicina basada en la evidencia).

El doctor DANIEL A. TWOGOOD se atreve incluso a afirmar que «Los síntomas como los dolores de cabeza, espalda y cervicales son signos patognomónicos de una alergia a la leche (p. 51 arriba), a menudo se producen de forma unilateral y pueden ir acompañados por una crepitación (crujido de las articulaciones)».  (p. 177 centro y 178 abajo) De forma correspondiente, en el 95 % de los casos se demostró que dejar de consumir productos lácteos daba lugar a un cese o interrupción de los dolores.

El 5 % restante, que no mostró mejoría tras dejar de consumir caseína era, con toda probabilidad, sensible a otros alérgenos o toxinas como el glutamato monosódico. (pág. 113)

«Las reacciones alérgicas provocan reacciones del sistema inmunológico que en algunas personas pueden ser más fuertes y en otras más débiles. Por lo general ocurren independientemente de la dosis. Los síntomas externos son cambios en la piel o problemas respiratorios; también pueden causar dolor articular y muscular, palpitaciones, somnolencia, cambios de humor, hiperactividad, calambres musculares o incluso conductas antisociales». (p. 59 arriba).

Las intolerancias alimentarias y las alergias respectivas son más comunes en nuestra sociedad de lo que algunos de nosotros creemos y muchos médicos sugieren. Un bebé que esté lactando puede desarrollar una alergia a la leche de vaca sin estar en contacto directo con la leche si su madre ha consumido productos lácteos y ha transmitido la caseína al bebé a través de la leche materna.

Portada del libro "MILK The Deadly Poison" de Robert Cohen.
  • Pero ¿por qué motivo la industria alimentaria nos promete que la leche y sus derivados son importantes y saludables para nosotros?
  • ¿Por qué el consumo de leche no es cuestionado por los profesionales médicos? Afirmaciones como: «Me gustaría renunciar a la leche y a sus derivados» reciben de los médicos, por lo general, respuestas como la siguiente:  «¿De dónde va a conseguir el calcio para sus huesos si no es de la leche?»
  • Si se tiene en cuenta que la leche de vaca solo debería servir para alimentar un ternero, ¿por qué ha evolucionado todo para que los productos lácteos sean indispensables hoy en día y estén considerados como alimentos especialmente saludables?
Las respuestas a los pensamientos y cuestiones planteadas anteriormente están explicadas en la reseña del libro «Milk, The Deadly Poison (La leche: un veneno letal) de Robert Cohen.

Tanto la leche de vaca como la leche materna contienen lactosa. Se trata de un disacárido (unión de dos azúcares) formado por dos azúcares utilizables: la glucosa y la galactosa. Para su división y posterior digestión es necesaria una enzima: la lactasa.

Si el organismo carece de lactasa, no es capaz de dividir la lactosa en glucosa y galactosa y acumula la lactosa no digerida (carbohidratos) en las paredes intestinales, donde las bacterias del intestino grueso lo fermentan y convierten en lactato, causando flatulencias. Más tarde ocurre una diarrea osmótica. Esto significa que los ingredientes de los alimentos que no absorbemos, atraen agua al interior del intestino y provocan diarrea.

La presencia de lactasa en el intestino delgado es más alta inmediatamente después del nacimiento para que el bebé pueda asimilar de manera óptima la lactosa de la leche materna. Con el crecimiento del lactante, la concentración de lactasa disminuye de forma natural y el resultado es que no puede asimilar la lactosa. El bebé deja de tomar la leche materna habitualmente entre los 12 y los 18 meses de vida.

«Estamos diseñados únicamente para beber leche durante nuestros primeros meses de vida. Nuestro cuerpo parece saber por naturaleza, cuánta leche necesita tomar». Sin embargo, nuestra sociedad y la medicina moderna han vuelto a plantear la idea con el fin de conseguir conveniencia. A menudo no nos damos cuenta de que los niños pequeños que empiezan a tomar leche de vaca desarrollan una alergia a la leche, cuyos síntomas más comunes son las flatulencias, diarreas, colitis, erupciones cutáneas e inquietud que sufren durante años.

Algunos médicos creen que las alergias son un fenómeno que ocurre durante la niñez y que desaparecerán con la edad, lo cual contradice las afirmaciones del doctor DANIEL A. TWOGOOD. Aunque a menudo se observa la desaparición de los síntomas de la alergia alrededor del quinto o sexto año de vida del niño (se enmascaran, se ocultan), «Muchas de estas personas acuden a su médico durante la adolescencia porque tienen dolores de cabeza, espalda o cervicales, que son síntomas claros de su alergia a la leche» (p. 86).

Asimismo, existe una estrecha relación entre las infecciones estreptocócicas como la otitis, la faringitis o la bronquitis y el consumo de leche de vaca en niños pequeños, cuyos pediatras son cada vez más conscientes de ello. (p. 89)

En lactantes y niños pequeños, una alergia a la leche suele manifestarse, por lo general, como problemas digestivos y cutáneos; más tarde como infecciones estreptocócicas recurrentes en la zona del oído, nariz y garganta. Cuando llegamos a la adolescencia la alergia se manifiesta en forma de problemas de conducta y aprendizaje, dolor en las articulaciones y acné (p. 175). «Las alergias no desaparecen por sí solas, sino que permanecen durante toda la vida si el paciente está expuesto al alérgeno. De ahí que nos sorprenda incluso más, que se esté dando leche a los niños como merienda durante el recreo escolar».

Invitación a comer con amigos coleccionistas de radios, Shanghai, China, 2010. Fotografía personal.

Hay muchos tipos de dietas y tradiciones alimentarias. En China, por ejemplo, son muy populares las mesas redondas donde los comensales se sientan a compartir la comida. Esta cuenta con una superficie de cristal giratoria.

Imagen por Ernst Erb: Visita a amigos coleccionistas en China.

Puede ampliar todas las imágenes pinchando sobre ellas y, a continuación, verlas en modo presentación.

«La Asociación Médica Estadounidense y la industria láctea de Estados Unidos han establecido que la ingesta de entre 1 000 y 1 500 mg de calcio al día es el antídoto perfecto para prevenir la osteoporosis. Sostienen, que la leche y sus productos son los mejores proveedores de calcio para las personas». (p. 72 arriba)

«La mayoría de los asiáticos y los africanos no consumen leche. Sus hábitos alimenticios solo incluyen unos 400 mg de calcio diario y a pesar de ello tienen huesos y dientes sanos». (p. 72 arriba)

La absorción de calcio en el intestino delgado depende de la cantidad de fosfato (relación Ca/Ph), así como de proteína que contienen los alimentos suministrados. Si su dieta tiene un alto contenido en proteína, el hígado convierte el exceso de esta en urea y compuestos de nitrógeno que a su vez elimina el riñón. La urea tiene un efecto diurético, mediante el cual se pierden electrolitos entre los que se encuentra el calcio.

La leche de vaca tiene una relación Ca/Ph de 1:2 y es mucho más rica en proteínas que la leche materna, que tiene una relación Ca/Ph de 2:1. Un litro de leche de vaca contiene cerca de 1 200 mg de calcio; sin embargo, un litro de leche materna solo tiene 300 mg. Debido a la «mejor» relación calcio-fosfato y el menor contenido de proteínas, el bebé absorbe un aporte mayor de calcio a través de la leche materna que tomando leche de vaca.

Twogood escribe lo siguiente en la parte inferior de la página 72: «Drinking milk for calcium maeks about as much sense as smoking for weight control». O lo que es lo mismo: tomar productos lácteos por el calcio tiene el mismo sentido que fumar para mantener el peso a raya.

«No olvidemos que los seres humanos son capaces de obtener el calcio necesario en su dieta normal, compuesta de frutas, verduras, arroz y legumbres. Las vacas son animales hervíboros y por lo tanto no sufren deficiencia de calcio. (p. 73 arriba). Hasta la fecha no nos hemos parado a pensar que quizá las deficiencias de calcio sean la consecuencia de nuestros malos hábitos alimentarios»

La leche de vaca contiene las siguientes proteínascaseínalactoalbúminalactoglobulina; la primera representa un 77 %. La leche se compone de una parte sólida, que es la cuajada, y una parte líquida, que es el suero.

Para la fabricación del queso solamente se necesita el componente sólido y el suero queda como residuo. El queso contiene mayoritariamente la proteína caseína. La lactoalbúmina y la lactoglobulina se quedan en el suero y por ello, una persona que sea alérgica a la leche no necesariamente reaccionará con sensibilidad a los productos derivados del suero, ya que estos no contienen la caseína que provoca la alergia a la leche. Esto también le ocurría al paciente del autor del libro. (p. 73 abajo y 84 centro)

Muchas personas son conscientes de que si consumen leche, su cuerpo reaccionará con flatulencia y diarrea. Se trata de una intolerancia a la lactosa, provocada por una falta de lactasa en el intestino. La intolerancia a la lactosa es muy común, por lo que la industria agroalimentaria ha reaccionado con rapidez y comercializa productos sin lactosa. Sin embargo, si existe alergia a la leche, esto no servirá para nada siempre y cuando siga habiendo la misma concentración de caseína.

«Sin embargo, la creencia de que la leche es el alimento perfecto sigue siendo firme. La industria agroalimentaria, no obstante, no se ha desprendido de la responsabilidad de la leche como causante de las enfermedades cardíacas y por ello hace todo lo que está a su alcance para no perder a sus consumidores de leche. La industria de fabricación de leche y productos lácteos intenta atraer con su sabor a los más jóvenes.

Asimismo recomienda a las madres que se encuentran en el perído de lactancia que alimenten a sus hijos con comida para bebés procesada (básicamente leche de vaca modificada) para facilitar a los niños la transición a la normalidad. Y una vez más las grandes corporaciones nos inculcan que la leche tiene que ser necesariamente parte de una dieta equilibrada independientemente de si realmente es bueno para nuestra salud o no». (p. 74 abajo)

A pesar del ajuste que la industria agroalimentaria ha realizado del contenido de grasa y lactosa en la leche, el origen de la alergia sigue siendo la caseína.

Por lo tanto, la industria de la leche optimizará con toda seguridad su «alimento perfecto». En lugar de ello, deberíamos darnos cuenta de que aunque no tomemos la grasa, la lactosa sigue conteniendo caseína.

La mayoría de los consumidores es consciente de que la leche entera tiene demasiada grasa, no es saludable y ha pasado a consumir productos lácteos bajos en grasa; algo que los médicos apoyan y encuentran positivo. Muchos piensan que es suficiente consumir productos lácteos bajos en grasa cuando se trata de reducir el contenido de grasa de los alimentos.

Teniendo en cuenta que la caseína es la principal responsable de la alergia a la leche, reducir el contenido de materia grasa de la leche no tiene ningún sentido. La caseína es una proteína que está presente en la leche sin importar el contenido de grasa de la misma. Si una persona sufre dolores crónicos de cabeza, espalda o cervicales como consecuencia de una alergia a la leche, es posible curar los síntomas simplemente dejando de tomar leche por completo.

Tras observar los lineales de los supermercados nos damos cuenta de que muchos productos preparados contienen leche o derivados de esta. Aunque no consumamos leche directamente (leche, café o té con leche, leche con cereales, queso o flanes), la tomamos todos los días sin darnos cuenta. Y la caseína es, tal y como afirma el doctor DANIEL A. TWOGOOD, la principal responsable de las dolencias de sus pacientes.

¡Somos esclavos de la leche! La industria alimentaria actual hace tiempo que descubrió nuestra debilidad por las cremas espesas mediante la mezcla de derivados de la leche y caseinato de sodio; por ello no es fácil conseguir que la sociedad prescinda de su consumo.

La industria láctea afirma que algunos sustitutos de la leche están elaborados sin productos lácteos. «Puesto que los sustitutos de la leche nunca consiguen tener el sabor verdadero de la leche, la industria agroalimentaria añade caseinato de sodio o potasio, que son derivados de la leche, para que las cifras de ventas no se vean afectadas. Sin embargo, la alergia permanece. (p. 105 abajo). No es de extrañar que muchas personas, de buena fe, sigan consumiendo leche y productos lácteos. En última instancia, los alimentos que elabora la industria alimentaria, no son tan perjudiciales o poco saludables».

Para eliminar los síntomas de la alergia de la leche es necesario eliminar por completo la caseína de nuestra dieta. Una vez hecho esto, los síntomas desaparecen entre 7 y 30 días. Durante la primera semana después de dejar de tomar caseína por completo, algunas personas experimentan un síndrome de abstinencia que se manifiesta, sobre todo a los pocos días, con dolores de cabeza. (p 110, puntos 1-3).

Si alguien es sensible a un ingrediente en particular y deja de tomarlo, también podrá experimentar el síndrome de abstinencia. El fenómeno denominado adicción a las alergias (Allergy-Addiction p. 107) está muy relacionado con el deseo o apetencia descontrolado.

Otros alérgenos y toxinas p. 11

El doctor DANIEL A. TWOGOOD da un paso más y acusa a la dieta estándar americana (también llamada SAD por sus siglas en inglés o dieta occidental de carne y dulces) como la causa del cáncer y otras enfermedades. Cada vez somos más conscientes de que existen ciertas sustancias que tomamos a diario de forma involuntaria con con nuestros alimentos que representan un riesgo para nuestra salud.

La población conoce los riesgos que conlleva la dieta estándar americana, sin embargo, prácticamente nadie sabe en qué alimentos y con qué frecuencia están presentes en los alimentos determinadas sustancias como el glutamato monosódico. No somos ignorantes ni estúpidos, sino víctimas de nuestra buena fe al creer en presuntos expertos que nos confunden y equivocan.

«¿Los fabricantes de alimentos incluyen sustancias nocivas en sus productos para mejorar el aspecto y el sabor de los alimentos y que así aumenten las ventas y su beneficio?» (p. 123 abajo). Véase también el libro Salt, Sugar, Fat de Michael Moss.

Se nos escapa que la industria alimentaria ya no sobreviviría sin aditivos. Para muchos de nosotros el glutamato monosódico quizá sea un término que relacionamos con el «síndrome del restaurante chino», nombre común para la intolerancia al glutamato. «Desde hace tiempo somos conscientes de los riesgos que implican nuestros hábitos alimentarios para nuestra salud; pero esto no detiene a la industria alimentaria a desarrollar más productos que nos gustan y se venden bien».

El glutamato monosódico está compuesto de sodio y glutamato, la sal del ácido glutamico, que es un aminoácido. El glutamato es un neurotransmisor con efecto estimulante o excitante. La industria alimentaria sabe que la producción natural de potenciadores del sabor es muy costosa. Además, los potenciadores del sabor naturales, a diferencia del glutamato monosódico, no tienen ningún efecto adictivo. (p. 124 arriba)¡Por eso no es de extrañar que muchas personas ansíen comer comida china!

«Sin embargo, la industria alimentaria ha logrado sortear la normativa de la Administración de Alimentos y Medicamentos norteamericana (FDA por sus siglas en inglés) para continuar añadiendo glutamato monosódico en sus productos. ¡A sabiendas de que es perjudicial dependiendo de la cantidad que se ingiera!» (p. 124 arriba). En los embalajes puede aparecer, por ejemplo, como proteína (vegetal) hidrolizada, sin embargo se trata de glutamato monosódico.

Portada del libro "Salt Sugar Fat" de Michael Moss, primera edición en inglés, 2013.

La mayoría de las personas sabe que en los países industrializados cada vez hay más casos de problemas cardíacos y que este avance se debe a la dieta occidental. La leche de vaca tiene un alto contenido en grasas y colesterol. Esto fue reconocido por la industria láctea que, desde entonces intenta contrarrestar el menor consumo mediante la reducción de la grasa en la leche.

Como resultado, la sociedad comenzó a consumir productos dietéticos y se convirtió en una tendencia que además incluye el queso o los productos elaborados con queso, que contienen una gran cantidad de caseína. Creemos que, en última instancia, estos productos contienen tanto calcio que nos protegen contra la osteoporosis. ¡Pero esto es un error!

Descubrirán cómo lo consigue la industria en la reseña del libro Salt, Sugar, Fat de Michael Moss.

Muchos productos elaborados incluyen «aromas naturales o idénticos a los naturales» para regular y estabilizar la estructura, sabor, color y caducidad de los alimentos procesados. «Mientras que antiguamente las etiquetas de los alimentos servían para informar a los consumidores, hoy en día se emplean para engañarles». (p. 125 arriba).

En 1969 se prohibió el uso del glutamato monosódico en los productos de nutrición infantil. «Teniendo en cuenta que el glutamato monosódico puede actuar como un veneno que afecta a todas las personas dependiendo de la dosis, los adultos también deberíamos abstenernos de tomarlo. Simplemente omitiendo la toma de un alérgeno potencial como la caseína y la ingesta de glutamato monosódico, que es una toxina potencial, se pueden tratar con éxito el 99 % de todos los dolores crónicos de espalda, cabeza y cervicales». (pág. 130)

El autor enumera, además de leche, los alérgenos alimentarios más comunes que consumimos en los países industrializados por orden de frecuencia de consumo: trigo, maíz, soja, huevos, café y caña de azúcar. (p. 138 arriba).

Suponiendo que la mayoría de los síntomas como el dolor de cervicales, espalda y cabeza son de tipo alérgico, el doctor DANIEL A. TWOGOOD recomienda que si se ha dejado de tomar caseína y glutamato monosódico y persisten los síntomas, se deje de tomar otro alérgeno como por ejemplo el trigo.

Su contenido en gluten consta de varias proteínas entre las que se encuentra la glutenina y la gliadina, que provocan una inflamación de la mucosa del intestino delgado en casos de intolerancia o sensibilidad al gluten. Como resultado, la mucosa ya no puede absorber bien los nutrientes que se quedan sin digerir en el intestino y esto puede provocar síntomas como diarrea, vómitos, pérdida de apetito y depresión. Otros síntomas comunes de la intolerancia al gluten son los dolores de cabeza, dolores musculares y de las articulaciones. 

Sintomas p. 174

El doctor DANIEL A. TWOGOOD llega a la conclusión de que los alérgenos pueden entrar potencialmente a todos los órganos —incluido el sistema nervioso— a través del torrente sanguíneo y causar más enfermedades. Los síntomas resultantes son muy diversos y pueden manifestarse de muchas maneras. En ocasiones las dolencias pueden ser transitorias o afectar solamente a una parte del cuerpo o a una extremidad.

Cuando un alérgeno (como la caseína de la leche) o una posible sustancia tóxica (como el glutamato monosódico en los productos elaborados) afecta a un órgano, el efecto es una inflamación del tejido. En el nervio y el músculo de la mano, el llamado túnel carpiano aparece una inflamación del nervio mediano (nervio del antebrazo) que puede tener como consecuencia una parestesia o dolor en las extremidades, que también se llama síndrome del túnel carpiano.

La medicina convencional cree que un esfuerzo excesivo de la mano provoca una cicatriz en el tejido del túnel carpiano que perjudica al nervio mediano. La medicina aborda este problema quirúrgicamente, lo que a menudo provoca más cicatrices en el tejido del túnel carpiano. Teniendo esto en cuenta, los casos de éxito de esta terapia son escasos.

En afecciones como la esclerosis múltiple, que es una enfermedad autoinmune las vainas de mielina (la mielina es una capa externa con efecto aislante eléctrico) de las fibras nerviosas son las que se ven atacadas. Las esclerosis son incurables, afectan a los conductos nerviosos y provocan trastornos locomotores, de deglución y de coordinación. Según el autor, se puede frenar la progresión de la enfermedad mediante la eliminación de los alérgenos.

En ocasiones el cuadro de una enfermedad no está claro ni para el médico ni para el paciente y a menudo se diagnostica un problema de salud mental, cuando lo que el paciente tiene en realidad es una alergia. Aunque los médicos son conscientes de que los nervios se irritan de forma física y química, por lo general esta irritación tiene una causa física, aunque el paciente no haya sufrido ningún trauma físico.

Pero vivimos en un entorno en el que abundan las sustancias que desencadenan una respuesta inmune. El contacto con un antígeno, entre los que también se incluyen los alérgenos, no sólo conduce a una respuesta inmune protectora, sino que también puede conducir simultáneamente a daños en los tejidos.

El doctor DANIEL A. TWOGOOD se aferra a su afirmación de que los dolores de cabeza así como el síndrome de abstinencia (adicción a la alergia) pueden ser la consecuencia de la exposición a un alérgeno, toxina. (p. 184 centro) Asimismo, el cansancio que sentimos después de comer puede ser el resultado de una alergia a la leche. (p. 187 centro)

Podríamos recoger los hábitos alimenticios de los pacientes con cáncer y compararlos entre sí, puesto que una exposición continua a los alérgenos carga demasiado al cuerpo y puede derivar en cáncer. (pág. 190)

Preparación del Muesli-Erb. Sólo faltan los zumos de naranja y de limón en lugar de leche.

Imagen por Ernst Erb

Hoy en día los fabricantes consideran saludable un muesli crujiente de siete cereales al que se pueden añadir pasas o copos de maíz crujientes azucarados, ambos con leche o yogur. Sin embargo, la alternativa saludable es el Muesli Erb. La diferencia principal con el muesli tradicional es que nunca se añade leche ni productos lácteos a los cereales germinados con un bajo contenido en gluten como la avena o la cebada, o a los cereales sin gluten como el teff o el mijo.

Historias reales  p. 192

El autor nos presenta 20 experiencias reales en 20 páginas. Ambos sexos están representados: la paciente más joven tenía 13 años y el más mayor 72. Las historias de algunos pacientes pueden resultar impresionantes. Un ejemplo es el de una mujer de 49 años a quien operaron en su mano derecha del síndrome del túnel carpiano. Después de la operación los dolores eran mayores, por lo que querían corregirlo y operar también su otra mano (si desea más información sobre este síndrome, consulte los párrafos anteriores).

Ella se negó a someterse a otra operación y un año después acudió a la consulta de un ortopeda que le diagnosticó un síndrome del opérculo torácico, que es un síndrome de compresión neurovascular (síndrome de aplastamiento). Querían quitarle una costilla y cortarle algunos nervios, pero la paciente prefirió seguir viviendo con el dolor y comenzó a tomar una dosis diaria de clinerol.

Todo los días tomaba leche y el clinerol con la leche también. Le encantaba el queso y tomaba helado tres veces a la semana. Cuando dejó de tomar leche, muchos dolores desaparecieron. Suena como un cuento de hadas, pero los informes están escritos en detalle y con profesionalidad.

Lo que sorprende es que algunos de estos pacientes consumían gran cantidad de leche y productos lácteos. A algunos de ellos les acompañaba un constante dolor de cabeza que les obligaba a tomar medicación de forma habitual. Otros pacientes, por ejemplo, solo consumían mantequilla (la grasa de la leche) o un poco de queso de vez en cuando.

El dolor de cabeza, cervicales y la parte inferior de la espalda constituyen la gran mayoría de los casos. En algunos pacientes la mera ingesta de un batido de chocolate con leche es suficiente para desencadenar los síntomas, que suelen aparecer más adelante (a veces después de dos días). Tras dejar de consumir productos lácteos los dolores desaparecían, en su mayoría, entre dos y cuatro días después.

Cuando se tomaba un helado de forma ocasional, el dolor se producía sólo dos días después de la ingesta. El autor escribe sobre varios pacientes que, o bien pensaban que posteriormente podrían volver a tomar estos productos, o bien no creían en el efecto de esta medida, sino en el tratamiento quiropráctico. Estos pacientes volvieron donde él y le informaron de que el dolor aparecía y desaparecía con el consumo y la eliminación de los productos lácteos de la dieta. A otros les ocurría con el chocolate.

En una ocasión, un hombre de 58 años se comió un bocadillo de queso tras un mes de abstenerse de consumir leche y después de 20 minutos comenzaron los dolores que persistieron durante cuatro días. Tenía artritis severa. (pág. 197)

Llama la atención que en algunos casos ocurre un trauma antes de aparecer el dolor a través del consumo de leche, como por ejemplo, una tortícolis. Este tipo de dolores persisten en algunos casos durante años y solo se consigue atenuar el dolor si se deja de consumir por completo productos lácteos y alimentos que los contengan (como la pizza).

El doctor DANIEL A. TWOGOOD también menciona tres casos de problemas otorrinolaringológicos. Una mujer de 62 años de edad le visitó porque tenía tortícolis crónica, jaquecas y su cuello crujía cada vez que giraba la cabeza. En la anamnesis del historial médico también se daba la congestión nasal crónica; la paciente tenía problemas en los senos paranasales y padecía, sobre todo, una sinusitis crónica. Todos los días tomaba dos vasos de leche descremada y casi todos los días comía queso.

La terapia fue renunciar a los productos lácteos. Después de una semana relataba lo difícil que fueron los tres primeros días porque se sentía cansada, pero luego la sinusitis desapareció y después de una semana su nariz estaba completamente despejada. Además desaparecieron también la tortícolis y las jaquecas.

Una joven de 16 años visitó al autor a causa de sus problemas de espalda; también observó que sufría náuseas y problemas digestivos. Su padre mencionó que ella había sufrido varias infecciones de estreptococos y amigdalitis (anginas). Ambos afirmaron que a menudo la joven estaba de mal humor y se sentía cansada; tomaba leche con muesli una vez a la semana, pero adoraba su queso diario —y naturalmente, un batido de chocolate de vez en cuando—. Todos los días en el colegio recibía un vaso de leche con chocolate o chocolate caliente (con cacao). Solo se llegó a esta conclusión después de que el autor preguntase y entrase en detalle sobre la rutina diaria de la joven paciente.

La niña consiguió abandonar la leche y el chocolate, por lo que el resultado se hizo evidente después de una semana. Después de dos o tres semanas, sus dolores de espalda cesaron y la fatiga, las náuseas y los casos de infecciones desaparecieron también.

Una mujer de 72 años se quejaba de molestias entre los ómoplatos y de rigidez en el cuello. En su anamnesis explicó que tenía más problemas: entumecimiento en manos y pies, nariz taponada constantemente y «piernas débiles». Los médicos le ofrecieron cirugía para el síndrome del túnel carpiano, algo que ella no aceptó.

El cese de la ingesta de productos lácteos hizo desaparecer los síntomas en tan solo una semana. El autor destaca que, sobre todo —pero no solo— en personas mayores, los problemas desaparecen en un plazo de 30 días. Pauline, que había sufrido durante 30 años vio como tras pocos días su dolor se alivió de verdad.

Normas para la salud p. 213

Parece como si, cuando envejecemos renunciamos de forma consciente a los caprichos (golosinas) porque conocemos los riesgos que su consumo conlleva. La juventud en los países industrializados, sin embargo, no tienen interés en renunciar a nada. Las familias promedio de hoy en día pueden permitirse muchos lujos; pero para ello tanto el padre como la madre han de ir a trabajar. El resultado es que los niños y adolescentes no están bien atendidos en casa y se alimentan de comida basura. (pág. 215)

La clave para gozar de buena salud es seguir un estilo de vida lo más sano y natural posible. Lo que hoy en día se denomina «dieta equilibrada» es una forma de alimentación completamente desequilibrada. Se ha implantado una imagen distorsionada de la «leche y el pan», así como de lo que es natural en relación con nuestra forma de alimentarnos. Para enmascarar los hechos, se emplean eufemismos como «alimentación completa», alimentos integrales o alimentos completosWikipedia recomienda en su artículo en alemán sobre alimentos integrales (noviembre de 2014) lo siguiente: «Los cereales y la leche, así como los productos lácteos deben consumirse cada día».  A propósito: la leche y el pan han sido modificados enormemente desde el final de la segunda guerra mundial comenzando desde su cultivo (semillas, fertilizantes, productos fitosanitarios; selección animal, cría y alimentación del ganado). Y no nos olvidemos: para poder vivir sin dolores hemos de intentar eliminar de nuestra dieta los alérgenos y toxinas, así como los estimulantes y sedantes.

Conclusión p. 248

Aunque la mayoría de las enfermedades son de origen alimentario, la gran mayoría de la población todavía no cree en esta afirmación. Sería necesario que la industria dejase de comercializar la leche como el alimento básico y saludable por antonomasia. Muchas publicaciones y estudios señalan que la leche de vaca no es saludable para las personas.

Bibliografía p. 253

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      Let's Live, 1988

 


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Autor
Autor Anonym 1, Suiza
Translator
Marta Aguilar Vicario, Imagen de año 2014
Marta Aguilar Vicario, España
Publicación

27/3/15 6:44

Fecha de modificación

21/12/15 22:12

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