Fundación Salud y Alimentación
Fundación
Salud y Alimentación
Suiza
QR Code
La mejor perspectiva para su salud

2 ¿Alimentos crudos? ¡No, gracias!

Tres motivos básicos del ¡no, gracias!: 1. Cultura, sociedad, representación, placer y falta de amor; 2. Entorno personal; 3. Los “otros”: sólo es saludable…

Tentaciones crudiveganas. Deliciosa comida gourmet como excepción. Experiencias en Nueva York.© , Book "Sweet Gratitude, a New World of Raw Desserts", Matthew Rogers and Tiziana Alipo Tamborra
Nuestra forma de cocinar es uno de los pilares de nuestra cultura. Así tratamos de disfrutar de nuestra comida siempre que podemos. Tanto en el ámbito privado como en el público, nos gusta relacionarnos en torno a la mesa, en la comunicación y en el modo de representarnos.

Seamos sinceros: en realidad comemos más por placer y para satisfacer nuestro paladar que para alimentar nuestro cuerpo. ¿Es posible que muchos occidentales ya no sepan diferenciar entre el hambre y el placer que procura la comida?

En cuanto a la sed probablemente no sea así. A menudo, la comida también es una forma de compensar la falta de amor y calidez.

En esta serie de artículos es posible acceder a la publicación anterior mediante el enlace que aparece más arriba; por ejemplo, si ha llegado hasta aquí a través del motor de búsqueda. Igualmente puede utilizar el enlace para acceder a la publicación siguiente.

Resumen

¿Por qué responde la mayoría de las personas con un instintivo “¡no, gracias!” a la cuestión de la alimentación crudista? La explicación se encuentra en diferentes razones básicas: la cultura, la sociedad (etnología, sociología), los modelos mentales de representación (psicológicos), el placer y la función de sucedáneo del amor; así como el propio entorno y la escasa aceptación en el entorno más amplio.

No debemos olvidar que, en la pregunta sobre la forma de alimentación, los hábitos y lo que puede considerarse desde un punto de vista psicológico como “la traición a la madre” ocupan un lugar primordial. Todas estas razones resultan comprensibles para responder con un “¡no, gracias!”. Pero quizás los argumentos a favor del crudismo nos ayuden a reconocer sus posibles efectos (casualidad filosófica) y contribuyan a que nos replanteemos ese “¡no, gracias!”.

En este sentido, podemos encontrar una serie de argumentos verdaderamente razonables. Sin embargo, la mayoría requiere una explicación porque contradicen en gran medida nuestros “conocimientos” actuales.

1. Comer es un placer

Una rica fuente de comida de barbacoa con carne en un plato cuadrado blanco.© CC-0 1.0, jonathanvalencia5, Pixabay
En cada comida surge la siguiente pregunta: “¿Es para el paladar o para el cuerpo?

Según Paracelso, una pequeña cantidad de comida basura no constituiría un problema. Véase la reseña del libro Sal, azúcar y grasas.

La declaración de este alumno de instituto es representativa: La comida tiene para mí un valor muy alto. Me gusta todo, sobre todo la cocina italiana, lo único que no me gusta es la carne de cerdo. Prefiero comer delante de la televisión. Una buena película y algo rico para devorar, eso es lo mejor. [Beobachter Gesundheit 25/2001-11]

Otra afirmación similar es la siguiente: Para mí, el placer es comer lo que me apetece, desde pretzel salados hasta menús gourmet. Y también: Disfruto tanto de una barrita de chocolate o de una porción de patatas fritas, como de un filete preparado con esmero o de un tiramisú.

La alimentación y la reproducción son las necesidades más importantes de la vida, y es por eso que proporcionan un gran placer. La comida no suministra tan sólo sustancias para quemar o para construir (calorías, proteínas), sino que debe contribuir también al mantenimiento de nuestra salud. Esto último no está garantizado si solamente nos dedicamos a saciar las exigencias de nuestro paladar.

En el caso de los “animales salvajes”, cuando encuentran alimentos ilimitados en la naturaleza, no se observan efectos tan perniciosos como en el de los seres humanos. Los animales no han perdido el instinto de la nutrición correcta; su apetito no está corrompido y continúa guiándoles como lo ha hecho siempre (percepción del gusto).

En cambio, las moléculas de Maillard (reacción de Maillard) han “degenerado” nuestro sentido del gusto. Todo lo que comemos tiene unas repercusiones inmediatas o a lo largo del tiempo, según las cantidades y la composición de cada comida.

Ya en el siglo XVI, el médico, naturalista y filósofo alemán Theophrastus Phillippus Aureolus Bombastus von Hohenheim, conocido como Paracelso, (1493-1541), era consciente de esta realidad cuando dijo: Todo es veneno, nada es sin veneno. Sólo la dosis hace el veneno.

No comparto la idea de que “cuanto más viejo un refrán, más verdadero”, todo lo contrario. Sin embargo, frente a tanto sinsentido, descubrimos que existen conocimientos antiguos que son ciertos y que no envejecen.

Aun cuando las estadísticas sobre la salud nos muestran –a pesar de (y debido a) nuestra elevada esperanza de vida–, una imagen bastante lamentable, no solemos percatarnos de que nuestra forma de alimentación es perjudicial a la larga. Incluso hay médicos que simplemente generalizan y definen las numerosas, crecientes y cada vez más frecuentes enfermedades que afectan a las personas jóvenes como ¡causadas por los genes y la mayor esperanza de vida!

Resulta comprensible que los jóvenes no piensen, en general, en la enfermedad y en la muerte, y que simplemente disfruten.

No obstante, todos sabemos que comemos demasiada cantidad, demasiada sal y demasiada grasa, con frecuencia también demasiado dulce. Y, sin embargo, esta es sólo una de las caras del problema. Con el paso del tiempo también hemos cobrado conciencia de que el proceso de desnaturalización no trae consigo solamente una pérdida de vitaminas.

La expresión “demasiada cantidad, demasiada grasa”, así como el hecho de que se pierden sustancias vitales o micronutrientes (véase esta publicación en alemán) debido a la desnaturalización, son conceptos que nos suenan desde hace tiempo. Al igual que la situación de los suelos agotados y sin nutrientes. Sin embargo, ¿quién se toma en serio estas advertencias? ¿Quién reconoce las interconexiones existentes?

Lo que no se ha “divulgado” tanto es la cuestión de los cambios epigenéticos, que provocamos indirectamente a través de nuestra forma de alimentación y de nuestro estilo de vida.

La metilación en el ADN es la palabra clave en dicho contexto. El contenido de este enlace no resultará comprensible para todos los lectores, como tampoco el relacionado con la epigenética y el del CIPS (enlace en inglés).

De todos modos, es conveniente saber que determinadas modificaciones en los genes, originadas por nuestra conducta alimenticia, se transmiten a nuestros descendientes. Más de lo que pensamos. (Véase en este enlace en alemán, un artículo sobre ratones epigenéticos).

En "Whole Food Markets", EE. UU., de 2013. Venta de rack con aproximadamente 100 nueces diferentes.© CC-by-sa 2.0, Ernst Erb, Foundation Diet and Health Switzerland

Sí, quizás pertenezca usted al ámbito de los individuos concienciados que comen “saludablemente”. Estas personas prestan atención, p. ej., a no cocinar al grill en la medida de lo posible o a consumir menos carne. Acaso se fije usted en los ácidos grasos poliinsaturados, se decante por la dieta mediterránea o coma mucho muesli. Probablemente su palabra clave sea "alimentación integral" (enlace en inglés).

Mediante el proceso de cocción de los alimentos se producen más pérdidas de sustancias que en el caso de los productos naturales inalterados.

Los científicos las van descubriendo una tras otra. Me refiero, por ejemplo, a los metabolitos secundarios de las plantas, como los colorantes y los aromas (aromatizantes, saborizantes), a las hormonas (semioquímicos -enlace en inglés-, neurotransmisores) y a las enzimas.

La dieta mediterránea ha demostrado ciertas ventajas

En este sentido, la dieta mediterránea ha demostrado ciertas ventajas. Las descubrió, en realidad, el estadounidense Ancel Keys (1904-¡2004!) durante un estudio sobre la salud humana realizado en Creta en los años 1950.

En comparación con la población de otros seis países, los habitantes de Creta vivían más tiempo y sufrían menos infartos de miocardio. La conclusión del estudio es la siguiente: la razón es la dieta mediterránea, que contiene mucha fruta, verdura y ensaladas, la mitad de carne y el doble de pescado. Además, el consumo de carne es fundamentalmente de aves.

Asimismo, las comidas se aderezan con hierbas aromáticas frescas y especias, y se incluye una elevada utilización de cebolla cruda. A todo esto se añaden los productos de cereales, yogures y queso, aceite de oliva y un consumo moderado pero habitual de vino tinto.

Estos estudios levantaron oposición durante muchos años, hasta que otras investigaciones realizadas en países como, p. ej., Francia, presentaron idénticos resultados. En la actualidad, es una forma de alimentación que está de moda. Cuando lea esto quizás ya no sea así, y otra “sabiduría” más provechosa y comercializable ocupe su lugar.

Acaso recuerde todavía la Nouvelle Cuisine y la euforia desatada por los ácidos grasos poliinsaturados. Una euforia similar recae ahora sobre el ácido graso omega 3. La mejor de las fuentes sería la semilla de linaza que, para una composición grasa de un 40%, alcanza ¡un 50%! de ácidos grasos omega 3.

¿Para qué promocionar las semillas de linaza si no es para comercializar un producto terminado? No todos los ingredientes de la dieta mediterránea son adecuados. No olvidemos que a unos les interesa promocionar las ventajas del consumo habitual del vino tinto y a otros su queso fresco, su aceite de oliva, sus aves o sus productos de cereales.

Por desgracia, nos encontramos con numerosas excepciones en la práctica, algunas totalmente falsas y otras insuficientemente demostradas (según el principio “Jumping to conclusions”; enlace en inglés). No es mi intención ocuparme de todas ellas en este artículo. Con toda seguridad, una dieta mediterránea adecuadamente compuesta presenta sus ventajas, al igual que casi cualquier otra forma de alimentación, si las comparamos con la comida cocinada habitual e incuestionada.

El inconveniente de este tipo de recomendaciones es que dan la impresión de que el consumidor ha elegido un alimento saludable. Y, sin embargo, no tiene por qué ser así. Véase al respecto información adicional en el artículo “Nutrición”.

Muchos consumidores se muestran satisfechos con soluciones a medias, en lugar de dar un giro decisivo hacia un sistema mucho más saludable o, al menos, hacer la prueba. Porque ya se están alimentando de un modo aparentemente sano… A las personas que, por ejemplo, experimentan efectos directos con el cambio alimenticio en su sistema cardiocirculatorio, puede resultarles más sencillo. Así, transcurridos pocos días, ya comienzan a notar las considerables ventajas que les proporciona la alimentación crudista, sin leche ni productos de cereales calentados. Más adelante lo comentaré con mayor detalle.

Los científicos alternativos dan un paso hacia adelante y reivindican la importancia de las moléculas vitales (LM, macromoléculas). En aras de la simplicidad, podemos admitir que a día de hoy no conocemos todas las posibles interconexiones existentes.

¿Cómo darnos cuenta de que nuestra alimentación es también un lento veneno? Solemos pensar que casi todas las personas se alimentan prácticamente igual. La publicidad del sector industrial y la medicina nos recuerdan, en cualquier caso, que si comemos mucha fruta cruda también nos alimentamos saludablemente.

No obstante, cada día se fabrican nuevos productos artificiales que desplazan a los alimentos naturales. Sin duda son fuentes de grandes beneficios económicos. Pero la ciencia no está aún en disposición de garantizar a largo plazo la salud de los consumidores de productos industriales.

Por otro lado, para un gran número de personas, la fruta cruda, y especialmente la verdura cruda, no resultan atractivas. ¿Cómo podríamos saber que la comida cocinada, con sus moléculas de Maillard, ha modificado significativamente nuestro sentido del gusto?

La mayoría de la gente no puede ni imaginarse que los platos elaborados con alimentos crudos puedan ser deliciosos. Desconocen que cada uno de los ingredientes tiene su propio sabor particular. Además, existen muchas más frutas y verduras que pueden comerse crudas de lo que pensamos.

Por lo tanto, reflexione: ¿Se trata “sólo de una afirmación” o es algo más? Para usted seguramente resulta difícil imaginar que los alimentos crudos puedan proporcionarle un gran placer.

Plato crudivegano "Flores de calabaza" del restaurante "Pure food and wine", Nueva York.© Por cortesía de Erica Graff, Nicky Quinn, Pure food and wine
La comida crudivegana puede ser deliciosa.

Toda persona que adopte una alimentación crudista con motivación, y que no cometa graves errores, constatará que en pocas semanas su sentido del gusto se ha transformado: los productos crudos le sabrán cada día mejor, de una forma lenta pero constante. No es el cerebro lógico el que decide, sino el cerebro emocional.

Personalmente me considero un gourmet, y continúo siéndolo como crudista.

Sin embargo, he podido comprobar que ciertas apetencias sólo comienzan a abandonar lentamente nuestro cerebro cuando se prescinde, de modo estricto y durante meses, de esos platos cocinados que antes se apreciaban tanto.

La capacidad de recordar surge solamente cuando nuestro olfato detecta un determinado olor en un determinado lugar. Esto nos conduce a la segunda causa de las posibles recaídas: el entorno. Si otros miembros de la familia se dedican a “comer opíparamente,” resulta casi imposible adaptarse a una alimentación crudista completa.

Una tercera causa que dificulta el cambio al crudismo es la falta de aceptación por parte de los demás. Lo aceptarán si nuestra salud es deficiente o si, después de mantener durante un largo periodo de tiempo dicha alimentación, nuestro aspecto físico es claramente mejor y nuestro grado de actividad más elevado.

¿Quién no conoce a fumadores empedernidos que cierran los ojos ante el riesgo que corren, y que nos señalan los casos de fumadores sanos de 90 años o más? Estos existen, es cierto, pero se trata de raras excepciones con una genética extraordinaria.

Ambas conductas, fumar y comer incorrectamente, perjudican nuestro organismo de un modo muy lento. En general, transcurren varias decenas de años hasta que los daños se hacen visibles. Incluso así, no siempre somos capaces de verlos. De todos modos, hemos asistido en las últimas décadas a un reforzamiento de las conductas perjudiciales, y ya empezamos a ver los problemas venideros en algunos jóvenes.

A pesar de todo, el problema se mantiene: la mayoría de las personas no sabe distinguir qué conducta alimenticia es realmente la correcta. Al menos en relación con la alimentación, no encontramos prácticamente ninguna posibilidad para efectuar comparaciones.

Sólo el factor de la variabilidad genética ya es responsable de casi la misma diversidad en los cambios de aspecto y en la enfermedad/salud que una modificación del estilo de vida. Así, resulta prácticamente imposible efectuar una asignación clara.

Las personas que no la hayan probado exhaustivamente no están capacitadas para calcular la sensación de placer que depara una alimentación casi al 100% crudista una vez transcurrido cierto tiempo.

Por otro lado, también encontramos artículos que describen dicha preocupación como ridícula y que propagan aseveraciones como la siguiente: ¡No tienes por qué prescindir de nada! ¿Acaso la comida es pecado? Sí –opinan muchos– y perjudican de este modo su salud. Porque una glotonería consciente es mucho más saludable que la renuncia y la mala conciencia. Esto puede leerse precisamente en una publicación sobre salud, la Beobachter Gesundheit, en su número 25/2001.

Una lectura sinónima sería la que sigue: “Por favor, ¡no prescinda de sus cigarrillos ni de sus drogas!”. Naturalmente, el autor concluye así: Para disfrutar con moderación y sin sentimientos de culpabilidad, sólo se necesitan cinco sentidos y un poco de tiempo.

En efecto, David Warburton, un profesor inglés de psicofarmacología, defiende con razón que la pregunta clave es “¿qué me hace bien?” y no “¿qué puede perjudicarme?”. Hasta ahí, de acuerdo. Warburton reconoció acertadamente que disfrutar influye de forma positiva tanto en la salud psíquica como en la física.

En relación con la alimentación crudista, también puedo preguntarme: “¿Qué me hace bien?”. Y para responder no necesito pensar en mi cuerpo, también puedo pensar en mi paladar. Las personas que no la hayan probado exhaustivamente no están capacitadas para calcular la sensación de placer que depara una alimentación casi al 100% crudista una vez transcurrido cierto tiempo.

Tentaciones crudiveganas. Deliciosa comida gourmet como excepción. Experiencias en Nueva York.© , Book "Sweet Gratitude, a New World of Raw Desserts", Matthew Rogers and Tiziana Alipo Tamborra

La comida cruda puede ser tentadora. Sin embargo, estos postres constituyen una excepción. Algunos restaurantes totalmente crudistas ofrecen también platos de auténtica comida gourmet.

Hay personas que sólo cambian su modo de alimentación impulsadas por otras y no por propio convencimiento, lo que les lleva al fracaso. Lo mismo les sucede a los fumadores, bebedores u otros drogodependientes cuando desean abandonar sus dependencias.

Quizás necesiten realizar más intentos o acaso se den definitivamente por vencidos. Las causas suelen ser la falta de voluntad o una motivación insuficiente. A lo que añado: ¡Si no se convierte una cosa en algo personal, nunca se logra una autodeterminación!.

Nuestras alegrías no deben ser venenos, sino otras alegrías

Es comprensible que los individuos hagan de la necesidad una virtud. Así, el investigador James McCormick, en sus estudios sobre el placer, llega a decir: Los gurús de la salud son perjudiciales para la salud; como sucede en las religiones, la medicina ha desarrollado a lo largo del tiempo un sistema moral propio.

Para el investigador neerlandés Jan Snel, que también estudia el placer, los pequeños pecados resultan necesarios para soportar los reveses del día a día. Así explica: Si soy capaz de encontrar la justa medida, puedo recuperar la alegría de la vida precisamente en aquellas cosas que nos describen como prohibidas.

Podría sumarme a dicha opinión diciendo: Nuestras alegrías no deben ser venenos, sino otras alegrías. Me refiero, no a una alimentación 100% cruda, pero sí cercana a ese 100%.

Como hemos podido ver en las fotografías anteriores, los alimentos crudos pueden proporcionar grandes placeres. Sin embargo, no se trata de la regla sino de la excepción. Es cierto que con una alimentación crudista completa y solamente vegana también puede darse una incorrecta nutrición y, con frecuencia, este es el caso.

2. A fin de cuentas, ¿por qué cambiar de forma de alimentación?

No es mi intención convencerle para que haga algo que no desea y que todo su entorno rechaza. Sin embargo, lo que sí puedo hacer es ayudar a quienes decidan apostar por seguir este camino. A modo de ejemplo, me gustaría destacar las razones más significativas para un cambio alimenticio. Se trata de motivos importantes, que influyen en cada individuo en diferente medida, y que citaré más adelante.

Encontrará, igualmente, una serie de argumentos que necesitará para mantenerse en el buen camino. Así como consejos sobre lecturas adicionales, tanto impresas como en formato digital.

Detrás del movimiento de la alimentación crudista no puede haber ningún lobby. Con la excepción hecha de algunos defensores de la naturaleza. La razón es que dicho movimiento, en lugar de fomentar las fuentes económicas, más bien las cierra. Reflexione un momento sobre la situación de la ganadería industrial y sus organizaciones del sector de la producción y de la distribución, así como de los poderosos lobbies políticos.

“¡La carne es una porción de energía vital!”, nos indican desde estos ámbitos. Y, sin embargo, es interesante consultar, en la lista de vegetarianos y veganos, los nombres de deportistas de altísimo nivel, como el Hombre de Acero, el vegano Brendan Brazier (enlace en inglés).

Por otro lado, es indudable que las personas consumen demasiados productos de origen animal. Acaso intuya ahora que el proceso de cocinado pueda ser perjudicial. Pero, después de leer los artículos en los que se explican las razones, le resultará comprensible.

  • Creo que es significativo que en la Wikipedia alemana no se desarrolle el tema del movimiento crudista, aunque sí se hace en otros idiomas. El veganismo está muy influenciado por el sector industrial, pero ¡no solamente por él!

Asimismo, se señala la diferente apreciación que reciben dichos movimientos en el ámbito anglosajón. Los conocimientos científicos en estos países llevan unos años de adelanto y disfrutan, por lo tanto, de una mejor aceptación. De esta manera, la influencia de los lobbies es menos directa.

El abastecimiento de agua –también en Occidente– ha convertido el agua potable en un sector preferente de las grandes multinacionales de la alimentación. ¿No creen que es absurdo que una empresa pague miles de millones de euros por una buena marca de agua mineral (enlace en alemán) en Europa y que esto sea rentable?

  • Y vuelvo a repetirme: por muy paradójico que pueda sonarnos, existen científicos que a día de hoy recomiendan reducir o abandonar el consumo de leche y productos lácteos como primer paso a seguir. El mejor libro escrito sobre este tema es el de Maria Rollinger, ¡Leche mejor no! y este es el enlace a su reseña.

Comentarios

Tag Cloud
 alimentación   comida   placer   crudista   salud   ¡no   vida   alimentos   dieta   mediterránea   cruda   casi   comer   carne   sino   demasiada   ventajas   comemos   paladar   publicación   razones   propio   entorno   Quizás   gusto   largo   veneno   resulta   comprensible   Acaso